{"id":11034,"date":"2016-03-10T06:15:23","date_gmt":"2016-03-10T11:15:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistazetta.com\/?p=11034"},"modified":"2016-03-10T06:15:39","modified_gmt":"2016-03-10T11:15:39","slug":"prohibir-bailar-champeta-en-version-de-prensa-espanola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=11034","title":{"rendered":"Prohibir bailar champeta en versi\u00f3n de prensa espa\u00f1ola"},"content":{"rendered":"<p>El diario El Mundo de Espa\u00f1a public\u00f3 un reportaje firmado por Jos\u00e9 Fajardo en el que explora el universo\u00a0de la champeta y la famosa propuesta del concejal Antonio Salim Guerra de prohibir el baile er\u00f3tico para menores de edad.<\/p>\n<p>El art\u00edculo puede ser consultado en este enlace:<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2016\/03\/09\/56deb12ce2704e0a318b465b.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.elmundo.es\/papel\/historias\/2016\/03\/09\/56deb12ce2704e0a318b465b.html<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>El baile &#8216;prohibido&#8217; en Colombia por fomentar el sexo entre j\u00f3venes<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>Autor: Jos\u00e9 Fajardo.<\/strong><\/em> Un corrillo se abre en torno a dos j\u00f3venes que bailan champeta. Es una coreograf\u00eda de puro sabor africano que recuerda a la sensualidad del tango y la lambada y a la pericia del breakdance. El ambiente se caldea cuando hacen el pase del caballito: trotes combinados con aperturas muy locas de piernas.<\/p>\n<p>La escena sucede en Cartagena de Indias (Colombia), epicentro de la escena champetuda, en un pic\u00f3 (del ingl\u00e9s: pick-up, las camionetas donde se cargaban los elep\u00e9s y los altavoces), una versi\u00f3n caribe\u00f1a de los soundsystem jamaicanos. La gente toma (bebe alcohol), suda, goza y no para de danzar mientras una se\u00f1ora vende las t\u00edpicas arepas de huevo coste\u00f1as a 3.000 pesos la unidad (80 c\u00e9ntimos de euro).<\/p>\n<p>Hay que tener cuidado con la champeta. Dicen que esta m\u00fasica caribe\u00f1a fomenta las violaciones y los embarazos no deseados. Que es para bandidos. Y puede matar. El asunto ha sido discutido por los pol\u00edticos en Cartagena. Conclusi\u00f3n: hay que alejar a los adolescentes de ese ritmo endiablado.<\/p>\n<p>Para Antonio Salim Guerra, el concejal del partido conservador Cambio Radical que plante\u00f3 a finales de 2015 (poco antes de las elecciones en la ciudad) la prohibici\u00f3n de bailar champeta a los menores de edad cartageneros, esta m\u00fasica podr\u00eda provocar una \u00aberotizaci\u00f3n traum\u00e1tica\u00bb, pues \u00abgenera un ambiente propicio para la pedofilia y la explotaci\u00f3n sexual infantil\u00bb.<\/p>\n<p>En las fiestas la gente bebe, suda, goza y no para de bailar. La conclusi\u00f3n de los pol\u00edticos: hay que alejar a los j\u00f3venes de este ritmo endiablado<\/p>\n<p>Salim Guerra asegura que la prohibici\u00f3n viene avalada por 16 estudios latinoamericanos, incluida \u00abuna ONG en Cartagena que se encarga de atender a ni\u00f1as violentadas sexualmente o embarazadas que han manifestado que empezaron su vida sexual temprano porque desde peque\u00f1as se estaban comportando y bailando como adultas\u00bb.<\/p>\n<p>Charles King, alias El palenquero fino, es uno de los pioneros de esta m\u00fasica que tuvo su origen en San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de Am\u00e9rica a donde hu\u00edan los esclavos africanos que consegu\u00edan escapar de sus amos. Est\u00e1 a una hora en coche de Cartagena y tiene su propia lengua, el criollo palenquero. \u00abHubo una votaci\u00f3n casi clandestina y la propuesta se aprob\u00f3 por unanimidad. Es otra ley inservible que desperdicia los recursos para combatir el grave problema de prostituci\u00f3n infantil y de falta de educaci\u00f3n\u00bb, lamenta el artista, que protagoniz\u00f3 una medi\u00e1tica batalla contra el concejal prohibicionista, al que ret\u00f3 a que donara un ri\u00f1\u00f3n para los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00abNo se puede llamar baile al roce y a los golpes de genitales\u00bb, argumenta otro de los defensores de la prohibici\u00f3n, C\u00e9sar Pi\u00f3n, del Partido de la U, una coalici\u00f3n que lidera el presidente colombiano Juan Manuel Santos. \u00abEso no est\u00e1 contemplado en ninguna herencia cultural de origen africano, como algunos quieren hacer ver\u00bb.<\/p>\n<p>TURISTAS Y VECINOS<\/p>\n<p>Existen dos Cartagenas: la que conoce el turista, una ciudad costera con encanto y coloridas casas coloniales que superan el mill\u00f3n de euros, y la que se esparce m\u00e1s all\u00e1 de la muralla, zonas humildes como La Candelaria y San Francisco donde la vida se hace en la calle. La champeta se ha colado en el centro de una batalla entre ambas realidades. \u00abLa ciudad ficticia amurallada se apodera de los espacios p\u00fablicos\u00bb, asegura Charles King, que vive en la Cartagena real, en el barrio de San Jos\u00e9 de los Campanos. \u00abQuieren prohibir nuestra m\u00fasica para esconder esa parte que les da miedo\u00bb, dice.<\/p>\n<p>Cuando Lucas Silva (Bogot\u00e1, 1971) visit\u00f3 la costa caribe\u00f1a de Colombia en los 90, el estigma ya exist\u00eda. \u00abEn la \u00e9poca colonial los espa\u00f1oles dec\u00edan que la cumbia era diab\u00f3lica e incitaba al sexo. Lo mismo est\u00e1 pasando con la champeta. Cartagena fomenta hoy un apartheid que no es tan diferente de lo que ocurri\u00f3 en Sud\u00e1frica\u00bb, reflexiona este cineasta y productor musical, que fund\u00f3 el sello especializado Palenque Records en 1997.<\/p>\n<p>La pol\u00e9mica por la prohibici\u00f3n de la champeta se ha convertido en un debate nacional porque apunta a un problema muy delicado en el pa\u00eds: el abuso a menores. Seg\u00fan datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, entre enero de 2014 y marzo de 2015 hubo 17.915 denuncias. Cartagena y los departamentos vecinos de Atl\u00e1ntico y Magdalena son las zonas con m\u00e1s casos tras el Valle del Cauca y la capital, Bogot\u00e1.<\/p>\n<p>En algunas \u00e1reas del Caribe los embarazos entre menores registran unos porcentajes muy altos. En 2014 los partos de adolescentes correspondieron al 20,5% del total de la ciudad, donde 186 ni\u00f1as de 10 a 14 a\u00f1os quedaron embarazadas ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Todos los m\u00fasicos entrevistados para este reportaje coinciden en que la campa\u00f1a contra la champeta nada tiene que ver en realidad con la explotaci\u00f3n sexual infantil. Entonces, \u00bfcu\u00e1les son los intereses de los pol\u00edticos cartageneros? \u00abLos que mandan tratan de relacionar nuestra m\u00fasica con violaciones y asesinatos porque no soportan la idea de que sus hijos bailen la m\u00fasica de los negros\u00bb, denuncia Viviano Torres, padre fundador del g\u00e9nero que se convirti\u00f3 en un icono local al crear en 1985 el grupo An\u00e9 Swing (Los que tienen sabor, en palenquero).<\/p>\n<p>En esa banda tambi\u00e9n estaban Charles King y Louis Towers como bailarines y coristas (los tres ven\u00edan de Son Palenque, una formaci\u00f3n de los 70 liderada por Justo Vald\u00e9s que hac\u00eda m\u00fasica folcl\u00f3rica africana). Las canciones de estos tres pioneros, m\u00e1s all\u00e1 de los dobles sentidos de \u00edndole sexual, tienen una fuerte carga de denuncia social. \u00abLa champeta se relaciona con las clases m\u00e1s pobres y con la comunidad afrocaribe\u00f1a, pero gracias a nuestra lucha hoy empieza a colarse en los hogares con dinero y a sonar en las emisoras elitistas\u00bb, opina Louis Towers.<\/p>\n<p>Charles King (nombre real: Carlos Reyes) naci\u00f3 en Venezuela en 1966. Su historia familiar es un drama que \u00e9l lleva con humor: \u00abFui hu\u00e9rfano con padres vivos, pero no les guardo rencor\u00bb. \u00c9l se siente parte de Palenque, de donde son sus amigos Viviano Torres (de 1958) y Louis Towers (1962). \u00abLos hijos de palenqueros que nac\u00edan en Cartagena se hac\u00edan llamar morenos para diferenciarse de los negros; muchos estaban avergonzados de venir de un entorno tan humilde\u00bb, apunta El palenquero fino, que se puso ese apodo para reivindicar sus ra\u00edces.<\/p>\n<p>que no lo tengas habilitado tu navegador.&lt;\/div&gt;&lt;\/div&gt;<\/p>\n<p>PELEAS A CUCHILLO<\/p>\n<p>La champeta pertenece a la calle y se dice que es la \u00fanica m\u00fasica urbana vigente de Colombia. Su popularizaci\u00f3n ha estado ligada a las fiestas con pic\u00f3s. \u00abComenzaron a finales de los 60. Eran verbenas que se hac\u00edan los fines de semana en casas grandes: el sal\u00f3n era la pista de baile y el patio exterior la zona donde se tomaba. Al DJ le llamamos picotero y en esa \u00e9poca sonaba m\u00fasica j\u00edbara, africana y salsa\u00bb, recuerda Viviano Flores.<\/p>\n<p>Entre los 70 y los 80 se extendieron los pic\u00f3s en Cartagena. \u00abIba gente humilde, que trabajaba en el mercado vendiendo fruta, marisco y carne. Se llamaba champeta a los cuchillos largos que usaban para limpiar las escamas del pescado. Cuando hab\u00eda gresca se solucionaba a navajazos\u00bb, explica Juan Daniel Correa, el m\u00e1nager de Charles King, que lleva a\u00f1os reivindicando el trasfondo cultural de la champeta.<\/p>\n<p>\u00abEn los primeros a\u00f1os uno ve\u00eda situaciones muy delicadas, hasta muertes lleg\u00f3 a haber\u00bb, reconoce Louis Towers.<\/p>\n<p>Con la aparici\u00f3n de los productores musicales y hits como La turbina de Elio Boom (cuya letra fue censurada por las connotaciones sexuales de la expresi\u00f3n h\u00fandelo), la champeta alcanz\u00f3 en los 90 un \u00e9xito masivo en otras ciudades de la costa (Barranquilla, Santa Marta y San Andr\u00e9s). A principios del nuevo siglo se convirti\u00f3 en un fen\u00f3meno nacional con dos nuevas figuras: El Sayay\u00edn y El Afinaito (ambos murieron j\u00f3venes, el primero por disparo de bala a los 30).<\/p>\n<p>Los pic\u00f3s se han modernizado, pero siguen cargando con el estigma de la violencia y la persecuci\u00f3n. \u00abLos polic\u00edas piden pic\u00faa (sobornos) para ofrecer su protecci\u00f3n, reciben su plata y se van callados, hasta que vuelven a por m\u00e1s\u00bb, critica Charles King.<\/p>\n<p>En Cartagena hay pic\u00f3s todas las semanas, de viernes a lunes. Los m\u00e1s populares, como el Rey de Rocha, re\u00fanen a cerca de 10.000 personas (las entradas cuestan entre dos y cinco euros). Se celebran en la calle, garajes, discotecas e incluso en la plaza de toros. Arrancan a las 21 horas y cierran a las dos de la madrugada para evitar las multas.<\/p>\n<p>Es un negocio donde la competencia es feroz. Para diferenciarse usan nombres llamativos (El Conde, El Sibanucu, El Guajiro, El Hurac\u00e1n, El Coreano) y dibujos muy coloridos que ponen encima de las tornamesas (los platos para vinilos) y en la cubierta de los parlantes (altavoces).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n existen fiestas de champeta improvisadas. Surgen en el jard\u00edn trasero o en el portal de una casa. Zonas como los barrios Lo Amador (conocido como Plateado por la luna) y Nari\u00f1o (donde creci\u00f3 la figura de la salsa Joe Arroyo) acogen cada fin de semana m\u00faltiples verbenas.<\/p>\n<p>Al anochecer, los organizadores colocan los parlantes y comienza la ceremonia. Alguien acude con un tanque inmenso de cerveza con hielos. Aparece un puestecito m\u00f3vil con golosinas, patatas, chicles y tabaco. La gente se arremolina y baila hasta que llega la polic\u00eda (estas fiestas espont\u00e1neas no cuentan con licencia).<\/p>\n<p>En los pic\u00f3s oficiales los menores no pueden entrar y los recipientes de vidrio est\u00e1n prohibidos por seguridad. Pero en los saraos callejeros los ni\u00f1os corretean recogiendo latas vac\u00edas y el p\u00fablico comparte botellas de ron y whisky que se pueden conseguir en la tienda de la esquina a 43.000 pesos (unos 12 euros).<\/p>\n<p>&#8216;WAKA WAKA&#8217; Y LOS AIRES DEL CAMBIO<\/p>\n<p>\u00abLa primera fiesta gomela (pija) de champeta en Bogot\u00e1 fue un concierto al aire libre de Charles King hace 10 a\u00f1os\u00bb, informa su m\u00e1nager. El pasado noviembre los j\u00f3venes modernos de la capital abarrotaron Latora, un popular local, para ver a El palenquero fino.<\/p>\n<p>\u00abTen\u00e9is que bailar como hacemos en la costa, bien pegadicos\u00bb, dec\u00eda mientras muchas espont\u00e1neas se sub\u00edan al escenario para abrazarle. Su banda cuenta con m\u00fasicos excepcionales que conocen bien la tradici\u00f3n africana, desde el soukous del Congo hasta el highlife de Nigeria o el afrobeat y el mbaqanga de Sur\u00e1frica.<\/p>\n<p>El reconocimiento de la champeta avanza lento pero con pasos firmes. Los grandes artistas colombianos (Carlos Vives, Juanes, Fonseca) han coqueteado con el g\u00e9nero. Shakira fue a un concierto de Viviano Torres cuando ten\u00eda 12 a\u00f1os para pedirle un aut\u00f3grafo y el Waka Waka del Mundial de f\u00fatbol de Sud\u00e1frica de 2010 casi les une de nuevo.<\/p>\n<p>\u00abSu gente vino a buscarme porque cre\u00edan que la canci\u00f3n era m\u00eda, pero la original es Zangalewa, del grupo camerun\u00e9s Golden Sounds. Estaban mal informados, pero me gust\u00f3 el gesto. Ella es barranquillera y lo lleva en la sangre\u00bb, comenta.<\/p>\n<p>En este giro hacia la descriminalizaci\u00f3n juega un papel destacado El universo visual de la champeta, la primera exposici\u00f3n fotogr\u00e1fica (algunas de cuyas im\u00e1genes se pueden ver en este reportaje) sobre esta m\u00fasica, a cargo de Joaqu\u00edn Sarmiento y Hanz Rippe. Estar\u00e1 en Bogot\u00e1 hasta el 19 de marzo y en Palenque a partir del 4 de abril, y tambi\u00e9n incluir\u00e1 conciertos, conferencias y talleres.<\/p>\n<p>\u00abPronto viviremos un boom internacional de la champeta, pero los fundadores no tenemos plata ni para comprar un carro\u00bb, se lamenta Charles King. Su batalla, como la de Viviano Torres y Louis Towers, no apunta al dinero ni a la fama. \u00abLo \u00fanico que pedimos es que despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de trabajo los poderosos de Cartagena reconozcan nuestra cultura y nos cedan espacios para desarrollarla\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El diario El Mundo de Espa\u00f1a public\u00f3 un reportaje firmado por Jos\u00e9 Fajardo en el que explora el universo\u00a0de la champeta y la famosa propuesta del concejal Antonio Salim Guerra de prohibir el baile er\u00f3tico para menores de edad. 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