{"id":22344,"date":"2017-09-11T06:51:21","date_gmt":"2017-09-11T11:51:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistazetta.com\/?p=22344"},"modified":"2017-09-11T17:17:12","modified_gmt":"2017-09-11T22:17:12","slug":"dignidad-la-persona-derechos-humanos-homilia-del-papa-francisco-cartagena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=22344","title":{"rendered":"\u201cDignidad de la Persona y derechos humanos\u201d: Homil\u00eda del Papa Francisco en Cartagena"},"content":{"rendered":"<p>En esta ciudad, que ha sido llamada \u00abla Heroica\u00bb por su tes\u00f3n hace 200 a\u00f1os en defender la libertad conseguida, celebro la \u00faltima Eucarist\u00eda de este viaje a Colombia. Tambi\u00e9n, desde hace 32 a\u00f1os, Cartagena de Indias es en Colombia la sede de los Derechos Humanos porque aqu\u00ed\u00b4 como pueblo se valora que \u00abgracias al equipo misionero formado por los sacerdotes jesuitas Pedro Claver y Corbero\u00b4, Alonso de Sandoval y el Hermano Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez, acampanados de muchos hijos de la ciudad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, naci\u00f3 la preocupaci\u00f3n por aliviar la situaci\u00f3n de los oprimidos de la \u00e9poca, en especial la de los esclavos, por quienes clamaron por el buen trato y la libertad\u00bb (Congreso de Colombia 1985, ley 95, art. 1).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, en el Santuario de san Pedro Claver, donde de modo continuo y sistem\u00e1tico se da el encuentro, la reflexi\u00f3n y el seguimiento del avance y vigencia de los derechos humanos en Colombia, la Palabra de Dios nos habla de perd\u00f3n, correcci\u00f3n, comunidad y oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el cuarto serm\u00f3n del Evangelio de Mateo, Jes\u00fas nos habla a nosotros, a los que hemos decidido apostar por la comunidad, a quienes valoramos la vida en com\u00fan y so\u00f1amos con un proyecto que incluya a todos. El texto que precede es el del pastor bueno que deja las 99 ovejas para ir tras la perdida, y ese aroma perfuma todo el discurso: no hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca nuestra solicitud, nuestra cercan\u00eda y nuestro perd\u00f3n. Desde esta perspectiva, se entiende entonces que una falta, un pecado cometido por uno, nos interpele a todos pero involucra, en primer lugar, a la victima del pecado del hermano; ese esta\u00b4 llamado a tomar la iniciativa para que quien lo da\u00f1o\u00b4 no se pierda.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas escuch\u00e9 muchos testimonios de quienes han salido al encuentro de personas que les hab\u00edan da\u00f1ado. Heridas terribles que pude contemplar en sus propios cuerpos; p\u00e9rdidas irreparables que todav\u00eda se siguen llorando, sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos. Porque Colombia hace d\u00e9cadas que a tientas busca la paz y, como ense\u00f1a Jes\u00fas, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos m\u00e1s actores a este di\u00e1logo reparador de los pecados. \u00abSi no te escucha, busca una o dos personas m\u00e1s\u00bb (Mt 18,15), nos dice el Se\u00f1or en el Evangelio.<\/p>\n<p>Hemos aprendido que estos caminos de pacificaci\u00f3n, de primac\u00eda de la raz\u00f3n sobre la venganza, de delicada armon\u00eda entre la pol\u00edtica y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el dise\u00f1o de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos pol\u00edticos o econ\u00f3micos de buena voluntad. Jes\u00fas encuentra la soluci\u00f3n al da\u00f1o realizado en el encuentro personal entre las partes. Adem\u00e1s, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva. \u00abEl autor principal, el sujeto hist\u00f3rico de este\u00a0proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracci\u00f3n, un grupo, una \u00e9lite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minor\u00eda ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 239).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nosotros podemos hacer un gran aporte a este paso nuevo que quiere dar Colombia. Jes\u00fas nos se\u00f1ala que este camino de reinserci\u00f3n en la comunidad comienza con un di\u00e1logo de a dos. Nada podr\u00e1\u00b4 reemplazar ese encuentro reparador; ning\u00fan proceso colectivo nos exime del desaf\u00edo de encontrarnos, de clarificar, perdonar. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se de\u00b4 posibilidad a las v\u00edctimas de conocer la verdad, el da\u00f1o sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos cr\u00edmenes. Pero eso s\u00f3lo nos deja en la puerta de las exigencias cristianas. A nosotros se nos exige generar \u00abdesde abajo\u00bb un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, respondemos con la cultura de la vida, del encuentro. Nos lo dec\u00eda ya ese escritor tan de ustedes, tan de todos: \u00abEste desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con plata, sino con una educaci\u00f3n para la paz, construida con amor sobre los escombros de un pa\u00eds enardecido donde nos levantamos temprano para seguirnos mat\u00e1ndonos los unos a los otros&#8230; una leg\u00edtima revoluci\u00f3n de paz que canalice hacia la vida la inmensa energ\u00eda creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginaci\u00f3n\u00bb (Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mensaje sobre la paz, 1998).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1nto hemos accionado en favor del encuentro, de la paz? \u00bfCu\u00e1nto hemos omitido, permitiendo que la barbarie se hiciera carne en la vida de nuestro pueblo? Jes\u00fas nos manda a confrontarnos con esos modos de conducta, esos estilos de vida que da\u00f1an el cuerpo social, que destruyen la comunidad. \u00a1Cu\u00e1ntas veces se \u00abnormalizan\u00bb procesos de violencia, exclusi\u00f3n social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen prof\u00e9ticamente! Al lado de san Pedro Claver hab\u00eda millares de cristianos, consagrados muchos de ellos; s\u00f3lo un pu\u00f1ado inici\u00f3 una corriente contracultural de encuentro. San Pedro supo restaurar la dignidad y la esperanza de centenares de millares de negros y de esclavos que llegaban en condiciones absolutamente inhumanas, llenos de pavor, con todas sus esperanzas perdidas. No pose\u00eda t\u00edtulos acad\u00e9micos de renombre; m\u00e1s a\u00fan, se lleg\u00f3 a afirmar que era \u00abmediocre\u00bb de ingenio, pero tuvo el \u00abgenio\u00bb de vivir cabalmente el Evangelio, de encontrarse con quienes otros consideraban s\u00f3lo un deshecho. Siglos m\u00e1s tarde, la huella de este misionero y ap\u00f3stol de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas fue seguida por santa Mar\u00eda Bernarda Butler, que dedic\u00f3 su vida al servicio de pobres y marginados en esta misma ciudad de Cartagena. (1)<\/p>\n<p>En el encuentro entre nosotros redescubrimos nuestros derechos, recreamos la vida para que vuelva a ser aut\u00e9nticamente humana. \u00abLa casa com\u00fan de todos los hombres debe continuar levant\u00e1ndose sobre una recta comprensi\u00f3n de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los ni\u00f1os, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera m\u00e1s que n\u00fameros de una u otra estad\u00edstica. La casa com\u00fan de todos los hombres debe tambi\u00e9n edificarse sobre la comprensi\u00f3n de una cierta sacralidad de la naturaleza creada\u00bb (Discurso a las Naciones Unidas, 25 septiembre 2015).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Jes\u00fas nos se\u00f1ala la posibilidad de que el otro se cierre, se niegue a cambiar, persista en su mal. No podemos negar que hay personas que persisten en pecados que hieren la convivencia y la comunidad: \u00abPienso en el drama lacerante de la droga, con la que algunos lucran despreciando las leyes morales y civiles, en la devastaci\u00f3n de los recursos naturales y en la contaminaci\u00f3n; en la tragedia de la explotaci\u00f3n laboral; pienso en el blanqueo il\u00edcito de dinero as\u00ed como en la especulaci\u00f3n financiera, que a menudo asume rasgos perjudiciales y demoledores para enteros sistemas econ\u00f3micos y sociales, exponiendo a la pobreza a millones de hombres y mujeres; pienso en la prostituci\u00f3n que cada d\u00eda cosecha v\u00edctimas inocentes, sobre todo entre los m\u00e1s j\u00f3venes, rob\u00e1ndoles el futuro; pienso en la abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los menores, en la esclavitud que todav\u00eda difunde su horror en muchas partes del mundo, en la tragedia frecuentemente desatendida de los emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad\u00bb (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 8), e incluso en una \u00abas\u00e9ptica legalidad\u00bb pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo. Tambi\u00e9n para esto debemos estar preparados, y s\u00f3lidamente asentados en principios de justicia que en nada disminuyen la caridad. No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que\u00a0corrompe la vida y atenta contra ella. A este respecto, recordamos a todos aquellos que, con valent\u00eda y de forma incansable, han trabajado y hasta han perdido la vida en la defensa y protecci\u00f3n de los derechos de la persona humana y su dignidad. Como a ellos, la historia nos pide asumir un compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos, aqu\u00ed, en Cartagena de Indias, lugar que ustedes han elegido como sede nacional de su tutela.<\/p>\n<p>Finalmente Jes\u00fas nos pide que recemos juntos; que nuestra oraci\u00f3n sea sinf\u00f3nica, con matices personales, distintas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su destrucci\u00f3n, por la justicia y no la venganza, por la reparaci\u00f3n en la verdad y no el olvido. Rezamos para cumplir con el lema de esta visita: \u00ab\u00a1Demos el primer paso!\u00bb, y que este primer paso sea en una direcci\u00f3n com\u00fan.<\/p>\n<p>\u00abDar el primer paso\u00bb es, sobre todo, salir al encuentro de los dem\u00e1s con Cristo, el Se\u00f1or. Y \u00c9l nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensi\u00f3n de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar. Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta direcci\u00f3n, que es aquella del bien com\u00fan, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias. S\u00f3lo si ayudamos a desatar los nudos de la violencia, desenredaremos la compleja madeja de los desencuentros: se nos pide dar el paso del encuentro con los hermanos, atrevernos a una correcci\u00f3n que no quiere expulsar sino integrar; se nos pide ser caritativamente firmes en aquello que no es negociable; en definitiva, la exigencia es construir la paz, \u00abhablando no con la lengua sino con manos y obras\u00bb (san Pedro Claver), y levantar juntos los ojos al cielo: \u00c9l es capaz de desatar aquello que para nosotros pareciera imposible, \u00c9l ha prometido acompa\u00f1arnos hasta el fin de los tiempos, \u00c9l no dejar\u00e1 est\u00e9ril tanto esfuerzo.<\/p>\n<p>________<\/p>\n<p>1 Tambi\u00e9n ella tuvo la inteligencia de la caridad y supo encontrar a Dios en el pr\u00f3jimo; ninguno de los dos se paralizo\u00b4 ante la injusticia y la dificultad. Porque \u00abante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y as\u00ed la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la m\u00e1s adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslab\u00f3n de un nuevo proceso\u00bb (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 227).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En esta ciudad, que ha sido llamada \u00abla Heroica\u00bb por su tes\u00f3n hace 200 a\u00f1os en defender la libertad conseguida, celebro la \u00faltima Eucarist\u00eda de este viaje a Colombia. Tambi\u00e9n, desde hace 32 a\u00f1os, Cartagena de Indias es en Colombia la sede de los Derechos Humanos porque aqu\u00ed\u00b4 como pueblo se valora que \u00abgracias al equipo misionero formado por los sacerdotes jesuitas Pedro Claver y Corbero\u00b4, Alonso de Sandoval y el Hermano Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez, acampanados de muchos hijos de la ciudad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, naci\u00f3&#8230; <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":22354,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[2,75],"tags":[],"class_list":["post-22344","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-actualidad","category-destacada"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/22344","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=22344"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/22344\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/22354"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=22344"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=22344"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazetta.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=22344"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}