{"id":34933,"date":"2020-03-23T19:11:28","date_gmt":"2020-03-24T00:11:28","guid":{"rendered":"http:\/\/revistazetta.com\/?p=34933"},"modified":"2020-03-29T18:47:54","modified_gmt":"2020-03-29T23:47:54","slug":"mi-primera-cuarentena-cronica-de-anibal-teheran-tom","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=34933","title":{"rendered":"Mi primera cuarentena &#8211; Cr\u00f3nica de An\u00edbal Ter\u00e1n Tom"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000080;\"><strong>Por An\u00edbal Teher\u00e1n Tom (Especial para Revista Zetta 20 a\u00f1os).-<\/strong><\/span>\u00a0El cielo amaneci\u00f3 ennegrecido y los \u00e1rboles comenzaron a mecerse abanicados por un fuerte viento la ma\u00f1ana de un viernes de mediados de octubre de 1988. A mis 17 a\u00f1os hab\u00eda salido de mi casa, de la Calle 12 de Santa Catalina, a comprar carne y unas verduras para la comida del d\u00eda. Al minuto de haber puesto los pies en la calle mir\u00e9 hacia atr\u00e1s porque me sent\u00ed observado y con una se\u00f1a Anuario Theran Ru\u00edz, mi padre, hizo que me devolviera, precisamente cuando en la calle el viento, que emit\u00eda un aullido que atemorizaba al m\u00e1s valiente de los hombres, armaba tres remolinos que sal\u00edan del suelo levantando hojas secas y basura. Al segundo, los \u00e1rboles comenzaron a caer, las cercas y varias l\u00e1minas de zinc de casas vecinas volaban como barriletes sin cola. Los vecinos se quedaron imp\u00e1vidos en las puertas de las casas con las manos en la cabeza, mientras mi padre me abrazaba como d\u00e1ndome fortaleza. En ese momento nos quedamos sin energ\u00eda el\u00e9ctrica.<\/p>\n<p>Comenzaron a caer del cielo unas gotas gruesas de hielo que se reventaban en la baldosa de la terraza y en el techo de la casa, lo que generaba una especie de p\u00e1nico colectivo. Hab\u00edamos le\u00eddo en la enciclopedia Quillet, la misma que mi mam\u00e1 hab\u00eda comprado a un vendedor de ilusiones que hab\u00eda llegado a\u00f1os antes al pueblo, que hab\u00eda que mantener las puertas de la casa abiertas para que en caso de hurac\u00e1n el aire tuviera una entrada y una salida. Entre mi pap\u00e1, Abraham David, mi hermano, y yo, aseguramos los muebles y guardamos en el cuarto principal aquella cajita misteriosa que nos alegraba la vida: un televisor de 14 pulgadas, marca Panasonic, a colores, que para m\u00e1s se\u00f1as hab\u00edan comprado dos a\u00f1os antes para ver los partidos del mundial de M\u00e9xico. Hab\u00eda pasado una hora, pero la lluvia no cesaba. Nadie se atrev\u00eda a salir. Las calles estaban solas y el miedo fue regado por el viento en cada casa de mi villorrio.<\/p>\n<p>Recuerdo que ese d\u00eda desayunamos casi a las 11 de la ma\u00f1ana arepas fritas con queso que mi padre hab\u00eda tra\u00eddo de su pueblo El Real de Obispo (Magdalena). Todos nos asom\u00e1bamos a la puerta, a veces a la de patio o a la de la calle, buscando una se\u00f1al en el cielo porque no paraba de llover. Los gritos de unos hombres que iban a lomo de mulo, desafiando la tempestad, llamaron nuestra atenci\u00f3n. Los campesinos se dirig\u00edan a la regi\u00f3n agr\u00edcola llamada Las Lomas, azotada por los vientos huracanados, donde hab\u00edan m\u00e1s de 2.000 hect\u00e1reas sembradas de pl\u00e1tano, producto que identificaba a mi pueblo en las plazas de mercado de Cartagena y Barranquilla. Una grabadora, marca Silver, alimentada por unas bater\u00edas Eveready bastante usadas, nos sirvi\u00f3 para enterarnos de lo que estaba pasando.<\/p>\n<p>Un locutor de voz grave informaba que est\u00e1bamos siendo azotados por el hurac\u00e1n Joan, el mismo que d\u00edas antes hab\u00eda afectado a Centroam\u00e9rica y una docena de pa\u00edses de Suram\u00e9rica, incluyendo la zona costera de Colombia. Nosotros camin\u00e1bamos de la sala al cuarto, de ah\u00ed a un local adscrito a la casa donde funcionaba la droguer\u00eda La F\u00e9, negocio familiar, para verificar que el agua no se metiera. Tambi\u00e9n \u00edbamos a la cocina y otra vez a la puerta.<\/p>\n<p>Hacia el medio d\u00eda llegaron noticias de Las Lomas. Un campesino de nombre N\u00e9stor Rodr\u00edguez, amigo de mi padre, narr\u00f3, con l\u00e1grimas en los ojos, que las plantaciones de pl\u00e1tano se hab\u00edan perdido, al igual que los dem\u00e1s cultivos de pan coger. El panorama estaba gris como el cielo, de donde segu\u00eda cayendo agua acompa\u00f1ada de fuertes vientos. Las corrientes en las calles parec\u00edan r\u00edos caudalosos que arrastraban ramas de \u00e1rboles reci\u00e9n desraizados y basura. La orden en mi casa era no salir. Recuerdo que mi mam\u00e1 nos prepar\u00f3 la cena antes de cuatro de la tarde, alumbrada con una l\u00e1mpara de gas (kerosene) porque ese d\u00eda oscureci\u00f3 m\u00e1s temprano. En vista de que el dilubio continuaba, unas veces m\u00e1s fuerte, otras m\u00e1s d\u00e9bil, nos quedamos reunidos en la sala, mis hermanas Adibe y Zayda, mi madre, mi hermano, mi padre y yo. Aunque la ventisca continuaba y el viendo rug\u00eda cada vez con m\u00e1s poder, mi padre trataba de calmar nuestra angustia cont\u00e1ndonos cuentos de t\u00edo Tigre y T\u00edo Conejo y otras historias de duendes, princesas encantadas y Gnomos, narradas por los Hermanos Grimm. As\u00ed se nos pas\u00f3 la primera noche, p\u00faes nos fuimos a la cama a eso de las 10 pm, despu\u00e9s de que mi madre leyera el Salmo 91 e hici\u00e9ramos varias plegarias a Dios para que cesara la tormenta.<\/p>\n<p>Al siguiente amanecer, el panorama era el mismo: Lluvia, vientos y soledad. Ese d\u00eda desayunamos m\u00e1s temprano y segu\u00edamos en casa pegados a la grabadora Silver escuchando las noticias del devastador paso del Joan. De acuerdo al reporte radial, el hurac\u00e1n hab\u00eda averiado las redes de energ\u00eda en la zona Norte de Bol\u00edvar, y que la empresa Electrificadora de Bol\u00edvar tardar\u00eda d\u00edas en reponer el servicio. Pero pese que las noticias no eran alentadoras, mi padre se les arreglaba para mantener la unidad familiar con comentarios sobre el confinamiento que se vivi\u00f3 en la segunda Guerra Mundial y la violencia que se gener\u00f3 entre 1930 y 1957 por la guerra sin cuartel entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. Todos aprendimos de historia, pero el viejo \u201cNayo\u201d, como le dec\u00edan sus amigos cercanos, las volv\u00eda interesantes, cont\u00e1ndonos como esa violencia afect\u00f3 a su familia porque mi abuelo entreg\u00f3 las banderas del Partido Liberal a mi t\u00edo Negro o Pipe, quien sirvi\u00f3 de correo entre los liberales de la provincia del Magdalena y los pol\u00edticos de Santa Marta. Recuerdo el pasaje donde mi t\u00edo fue descubierto por un polic\u00eda conservador que viajaba en un remolcador y fue lanzado al fondo del R\u00edo Magdalena a su suerte. Cont\u00f3 mi padre que mi t\u00edo lleg\u00f3 a las profundidades oscuras del r\u00edo, agarrando una medalla de la Virgen del Carmen, mientras encomendaba su vida, cuando, en el momento que se estaba ahogando, una luz brillante lo ilumin\u00f3 y una fuerza sobrenatural lo empuj\u00f3 a la superficie. De all\u00ed lleg\u00f3 a la orilla a reponerse. Tard\u00f3 un d\u00eda en volver al Real del Obispo, donde viv\u00eda con sus padres, ayudado por unos campesinos liberales.<\/p>\n<p>Recuerdo que fueron tres o cuatro d\u00edas de lluvia y miedo que pasamos encerrados en la casa entretenidos con las historias de mi padre y atendidos maravillosamente por mi madre Zayda Tom. Al quinto d\u00eda cuando el sol sac\u00f3 su resplandeciente cara comenzamos a enterarnos del feroz paso del Joan, un hurac\u00e1n que dej\u00f3 a Santa Catalina sin cultivos y desolado. Desde ese d\u00eda, la tristeza se impregn\u00f3 en los lugare\u00f1os, como una peste que aun invade nuestras memorias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por An\u00edbal Teher\u00e1n Tom (Especial para Revista Zetta 20 a\u00f1os).-\u00a0El cielo amaneci\u00f3 ennegrecido y los \u00e1rboles comenzaron a mecerse abanicados por un fuerte viento la ma\u00f1ana de un viernes de mediados de octubre de 1988. 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