{"id":4041,"date":"2015-01-04T11:15:19","date_gmt":"2015-01-04T16:15:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistazetta.com\/?p=4041"},"modified":"2015-01-04T11:15:19","modified_gmt":"2015-01-04T16:15:19","slug":"espartaco-un-figuron-de-epoca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=4041","title":{"rendered":"Espartaco: un figur\u00f3n de \u00e9poca"},"content":{"rendered":"<p>Como si tuviera la incipiente ilusi\u00f3n de un novillero, o como si se levantara de la arena luego de una cornada, as\u00ed sali\u00f3 de resuelto Espartaco enfrentar al segundo toro de la tarde de su reaparici\u00f3n en Cartagena de Indias.<\/p>\n<p>Era el par\u00e9ntesis de su retiro, tras los a\u00f1os de gloria suprema, donde fue el mandam\u00e1s del toreo por a\u00f1os consecutivos, dejando una estela grabada en molde de oro.<\/p>\n<p>Pero no era el momento de recuerdos. Era el presente. \u201cSalvador\u201d, un toro negro de 510 kilos, era su \u00fanica opci\u00f3n para ara\u00f1ar un trocito de triunfo. La tarde transcurr\u00eda carilarga, por la baja casta del encierro de Alhama, que comenz\u00f3 a manifestarse en su primero, un toro manso y sin historia, que arruin\u00f3 la ilusi\u00f3n de reencontrarse con su tauromaquia.<\/p>\n<p>Ya Andr\u00e9s Chica hab\u00eda alegrado la tarde en el primero, de El Capiro. Ya Sebasti\u00e1n Castella hab\u00eda cortado dos orejas, en el \u00fanico que tuvo movilidad y algo de bravura en toda la tarde. Ya Luis Bol\u00edvar hab\u00eda pechado con un marmolillo infame. Ya la tarde se acababa y el sabor de la ovaci\u00f3n no llegaba.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 el quinto de la tarde. Un toro con buena cara, de aceptable trap\u00edo, al que lance\u00f3 con suavidad pese a su hosca embestida, desconfiada y huidiza. Que fue al caballo sin emplearse, como toda la corrida, evidencia de su d\u00e9ficit de casta. Un tercio corto de banderillas, apenas dos para, para ver se quedaba algo en su bodega.<\/p>\n<p>Y sali\u00f3 Espartaco, armado \u00fanicamente con su muleta y su pundonor. En un instante aflor\u00f3 esa alma de torero, esa t\u00e9cnica depurada y exquisita, para comenzar a embarcar al toro en su muleta. Lo intent\u00f3 por derecha, donde poco juego hab\u00eda. Un poco mejor por la izquierda. \u201cSalvador\u201d comenz\u00f3 a entender qui\u00e9n mandaba en la arena, comenz\u00f3 a aprender qui\u00e9n es qui\u00e9n en el ruedo, y, pese a su escasa casta, debi\u00f3 someterse al poder\u00edo de ese hombre vestido a la usanza goyesca. A partir ese momento volvimos a deleitarnos con los detalles del gran torero de \u00e9poca, de ese figur\u00f3n hist\u00f3rico, referente inevitable del toreo de la segunda parte del siglo XX. Esos destellos de profundidad, temple, mando y carisma con el p\u00fablico, que le valieron la atronadora ovaci\u00f3n de los cartageneros. Esa ovaci\u00f3n que hac\u00eda tiempo no escuchaba, la del p\u00fablico que es el manda en la Fiesta.<\/p>\n<p>Una estocada entera, seguida de dos descabellos, para desatar esa nudo atorado en las gargantas de los miles de aficionados que corearon el mejor de los coros: \u201c\u00a1Torero, torero!<\/p>\n<p>Una oreja de gran val\u00eda. Una oreja para la historia de un figur\u00f3n de \u00e9poca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como si tuviera la incipiente ilusi\u00f3n de un novillero, o como si se levantara de la arena luego de una cornada, as\u00ed sali\u00f3 de resuelto Espartaco enfrentar al segundo toro de la tarde de su reaparici\u00f3n en Cartagena de Indias. Era el par\u00e9ntesis de su retiro, tras los a\u00f1os de gloria suprema, donde fue el mandam\u00e1s del toreo por a\u00f1os consecutivos, dejando una estela grabada en molde de oro. Pero no era el momento de recuerdos. 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