{"id":4434,"date":"2015-02-06T12:22:50","date_gmt":"2015-02-06T17:22:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistazetta.com\/?p=4434"},"modified":"2015-02-06T12:22:50","modified_gmt":"2015-02-06T17:22:50","slug":"la-increible-historia-del-taxista-que-dejo-de-pitar-cinco-minutos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=4434","title":{"rendered":"La incre\u00edble historia del taxista que dej\u00f3 de pitar cinco minutos"},"content":{"rendered":"<p>Por John Zamora &#8211;\u00a0Director Revista Zetta.-\u00a0Hace pocos d\u00edas le ped\u00ed a un joven taxista que me llevara desde el Mall Plaza en Chambac\u00fa a Crespo. Me cobr\u00f3 lo que la tarifa indicaba. Pero apenas sali\u00f3 de la estaci\u00f3n, comenz\u00f3 a mutar cual kafkiano bicho. Del amable y sonriente conductor, pas\u00f3 a ser un competitivo piloto Nascar de carritos chocones, acelerando y frenando abruptamente, haciendo zig zags, intentando adelantar por izquierda o por derecha, en fren\u00e9tico Grand Prix.<\/p>\n<p>No hab\u00edan pasado 100 metros, cuando le inform\u00e9 categ\u00f3ricamente que no me estaba desangrando ni quer\u00eda llegar a un hospital, ni ten\u00eda urgencias corporales, y mucho menos quer\u00eda ser testigo de la primera teletransportaci\u00f3n de materia en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>En alg\u00fan recodo de su conciencia, el hombre trat\u00f3 de ser una pizca obsecuente y redujo todo ese c\u00famulo de arbitrariedades a una sola: pitar.<\/p>\n<p>Si arrancaba, pitaba. Si frenaba, pitaba. Si adelantaba, pitaba. Si otro carro se acercaba, pitaba. Si otro carro le adelantaba, pitaba. Si viraba a la izquierda, pitaba. Si buscaba la derecha, pitaba. Al llegar al sem\u00e1foro, pitaba. Con la luz en amarillo, a\u00fan, pitaba. Si alguien lo miraba, pitaba. Y no era un solo pitazo. Eran varios, de fracciones de segundo, uno tras otro, como fusas y semifusas, pero en el mismo racimo de ruido.<\/p>\n<p>Al llegar al sector de la India Catalina, bajando el puente de la Transformaci\u00f3n Nacional (como se llama el puente de Chambac\u00fa), varias busetas impidieron que sigui\u00e9ramos la marcha hacia Crespo, por lo que hubo de detenerse. Y adivinen qu\u00e9 hizo todo ese largo momento: \u00a1pitar! \u00a1pitar! y \u00a1pitar!<\/p>\n<p>Acud\u00ed a las matem\u00e1ticas mentales para calcular el n\u00famero de pitazos por segundo, o por metro, pero ni el mism\u00edsimo Stephen Hawkins hubiese podido aproximar una cifra. Lo mir\u00e9 varias veces y me impresion\u00f3 su mirada fiera, sus colmillos afilados, sus gru\u00f1idos aspirados, hasta que me asust\u00e9 cuando una gota de saliva rod\u00f3 por la comisura derecha de su labio.<\/p>\n<p>En el l\u00edmite del horror y al borde de un ataque de nervios, recib\u00ed una iluminaci\u00f3n celestial. Un viento fr\u00edo de s\u00fabito se col\u00f3 por la ventanilla y hasta me pareci\u00f3 detectar una neblina londinense frente a mis ojos, cuando le dije: &#8211; \u201cA que no eres capaz de llegar hasta Crespo sin pitar\u2026\u201d<\/p>\n<p>Admito que el reto era bastante descabellado, a juzgar por la inveterada y extendida man\u00eda de todos los taxistas de Cartagena a pitar por todo y a toda hora.<\/p>\n<p>Por segunda vez en el breve recorrido, ese \u00faltimo mil\u00edmetro cuadrado de conciencia que le quedaba de reserva, en algo le movi\u00f3 a procesar lo que le plante\u00e9.<\/p>\n<p>En su estructura mental era inexistente que un pito dejara de sonar. Improbable. Imposible. \u00bfO para qu\u00e9 carajo tienen pitos los carros? \u00a1Para pitar!!!<\/p>\n<p>Pero logr\u00e9 que comenzara a examinar la ut\u00f3pica posibilidad de dejar de pitar por los cinco kil\u00f3metros que nos separaban desde ese punto hasta el destino acordado.<\/p>\n<p>Apenas pudo adelantar la \u00faltima buseta que lo imped\u00eda, el taxista tom\u00f3 rumbo al Cabrero, pero no dejaba de voltear su cuello para mirarme, alternando r\u00e1pidamente su visi\u00f3n entre la v\u00eda despejada y mi palidecido rostro.<\/p>\n<p>Al ingresar a la v\u00eda nueva que bordea el ca\u00f1o Juan Angola, bautizada en homenaje a Soledad Rom\u00e1n, me pidi\u00f3 que le repitiera: \u201cA que no eres capaz de llegar hasta Crespo sin pitar\u2026\u201d Y me dijo: \u201cNo joda, yo nunca he hecho eso\u201d.<\/p>\n<p>Y acept\u00f3. Decidi\u00f3 conducir sin pitar. Las facciones lobeznas pronto desaparecieron, aquel bicho kafkiano desapareci\u00f3, y por fin sent\u00ed que a mi lado hab\u00eda un ser humano que desempe\u00f1aba el noble oficio de ser conductor de taxi.<\/p>\n<p>Un impecable conductor a velocidad prudente, colocando direccionales, tomando las curvas con calma, cediendo el paso, aguardando con paciencia y llevando a su pasajero con amabilidad hasta el destino final, en los cinco minutos m\u00e1s placenteros de toda mi vida como pasajero de taxi.<\/p>\n<p>Eso s\u00ed\u2026 cuando le pagu\u00e9 me qued\u00f3 mirando y dijo: \u201cCompa, ven\u00eda mal, con ganas de pitar, le promet\u00ed no hacerlo, pero ven\u00eda mal, mal, mal\u201d.<\/p>\n<p>Le contest\u00e9, con aire de sic\u00f3logo: \u201cLo hiciste muy bien, pero no te aguantes m\u00e1s\u2026 \u00a1\u00a1\u00a1pita!!!\u201d<\/p>\n<p>Me qued\u00f3 mirando, coloc\u00f3 la reversa, y la carrera termin\u00f3 con un breve pero represado: \u00a1bip, bip,!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por John Zamora &#8211;\u00a0Director Revista Zetta.-\u00a0Hace pocos d\u00edas le ped\u00ed a un joven taxista que me llevara desde el Mall Plaza en Chambac\u00fa a Crespo. 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