{"id":57399,"date":"2025-06-15T05:17:59","date_gmt":"2025-06-15T10:17:59","guid":{"rendered":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=57399"},"modified":"2025-06-15T05:17:59","modified_gmt":"2025-06-15T10:17:59","slug":"amistad-incomoda-literatura-y-politica-opinion-de-miguel-a-montes-curi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=57399","title":{"rendered":"Amistad inc\u00f3moda: Literatura y pol\u00edtica &#8211; Opini\u00f3n de Miguel A. Montes Curi"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Miguel A. Montes Curi (Especial para Revista zetta). Cartagena de Indias, 15 de junio de 2025.- <\/strong>Tras haber intercambiado algunas cartas, Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez se vieron por primera vez en Caracas, donde el peruano recibir\u00eda el prestigioso premio literario R\u00f3mulo Gallegos por su novela <i>La casa verde. <\/i>Por entonces, apenas publicada unas semanas antes en Buenos Aires, <i>Cien a\u00f1os de soledad<\/i> (1967) ya retumbaba en el mercado literario latinoamericano. En ese momento ambos autores, sin saberlo, delataban las primeras se\u00f1ales de un fulminante fen\u00f3meno cultural de alcance global.<\/p>\n<p>Admiradores de la joven revoluci\u00f3n cubana, cuando a\u00fan se desconoc\u00edan los grandes atropellos de la dictadura castrista, Garc\u00eda M\u00e1rquez y Vargas Llosa sol\u00edan visitar La Habana para ser atendidos por Fidel Castro, voraz lector de sus obras. Alguna vez, por solicitud de Castro, Alejo Carpentier le llev\u00f3 una carta a Vargas Llosa donde lo instaba indirectamente a donar los frutos del reci\u00e9n recibido premio literario R\u00f3mulo Gallegos a la causa de la revoluci\u00f3n. Por supuesto, Vargas Llosa no acept\u00f3, incluso con la promesa de que en el futuro recibir\u00eda una mayor recompensa. En cambio, y quiz\u00e1s evitando generar una querella por parte del futuro dictador, Vargas Llosa pronunci\u00f3 un discurso laudatorio y promotor de las causas sociales latinoamericanas tomando como ejemplo a Cuba.<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, tras el arresto del poeta Heberto Padilla en La Habana por la dictadura, Vargas Llosa decidi\u00f3 escribir una carta abierta y conjunta solicitando su liberaci\u00f3n y exigiendo el abandono sistem\u00e1tico de m\u00e9todos represivos que manchen el buen nombre de la revoluci\u00f3n y pongan en entredicho la causa social que defienden. Habiendo reunido la firma de autores como Julio Cort\u00e1zar, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Vargas Llosa solo necesitaba contar con el apoyo de su gran colega, Garc\u00eda M\u00e1rquez, quien en ese momento no era localizable. Por ello, con la complicidad de su amigo m\u00e1s \u00edntimo, el del Grupo de Barranquilla, Plinio Apuleyo Mendoza, se procedi\u00f3 a forjar su firma bajo el entendido de que el futuro Nobel promover\u00eda sin duda el esp\u00edritu acusatorio de la carta. Sin embargo, al enterarse de que hab\u00eda sido suplantado, Garc\u00eda M\u00e1rquez prorrumpi\u00f3 contra Apuleyo Mendoza y orden\u00f3 la anulaci\u00f3n de su firma y una explicaci\u00f3n p\u00fablica de lo ocurrido. Gran conocedor de la pol\u00edtica y de las maquinaciones de la figura del dictador caribe\u00f1o, Garc\u00eda M\u00e1rquez sab\u00eda que lo m\u00e1s prudente habr\u00eda sido persuadirlo discretamente y no exhibirlo ante la prensa internacional. De ah\u00ed en adelante, el distanciamiento entre Garc\u00eda M\u00e1rquez y Vargas Llosa fue irremediable y creciente.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la an\u00e9cdota, conviene reafirmar el compromiso pol\u00edtico de aquellos escritores del siglo pasado que tomaron posiciones ideol\u00f3gicas firmes y participaron decididamente en el foro p\u00fablico. De los que encabezan esa lista \u23afGarc\u00eda M\u00e1rquez, Neruda, Paz, Fuentes, Asturias, Cort\u00e1zar\u23af, Vargas Llosa es quiz\u00e1s el m\u00e1s sobresaliente debido a su notable giro pol\u00edtico de la izquierda hacia el liberalismo y su postulaci\u00f3n a la presidencia del Per\u00fa en 1990. Valga mencionar que, despu\u00e9s del <i>boom<\/i> y a\u00fan con mayor efecto en la actualidad, la literatura iberoamericana ha venido sufriendo un proceso paulatino de despolitizaci\u00f3n que podr\u00eda ser interpretado, en parte, como un intento por marcar distancias de tan despreciable y descalificada profesi\u00f3n \u23afel pol\u00edtico infame\u23af; una percepci\u00f3n que se comenz\u00f3 a asentar en Occidente con los autoritarismos que lastraron severamente el siglo XX, desde Stalin hasta Pinochet y desde Mussolini hasta Videla. Esto, unido a la sensaci\u00f3n de pesimismo, derrotismo e inmovilismo social que define ese impreciso fen\u00f3meno que ambiguamente llamamos <i>posmodernismo,<\/i> se consolid\u00f3 en una literatura donde prima la exploraci\u00f3n individualista e intimista, la autor\u00eda como contrucci\u00f3n de una marca personal y la correcci\u00f3n pol\u00edtica, que coarta las posibilidades expresivas del arte seg\u00fan quien lo hace. Habida cuenta de ello, parece pertinente evaluar en qu\u00e9 condiciones se dio, para los autores del <i>boom,<\/i> esa cooperaci\u00f3n entre literatura y pol\u00edtica. Y es probablemente la amistad entre Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez la que nos puede dar algunas pautas sobre la inc\u00f3moda pero irremediable relaci\u00f3n entre los libros y el poder. Dijo el cr\u00edtico espa\u00f1ol Constantino B\u00e9rtolo que la literatura forja un pacto de responsabilidad y legitimaci\u00f3n con la comunidad, y que la escritura se traduce en un acto de poder en cuanto que su recepci\u00f3n en el imaginario colectivo deforma \u23afen las grandes obras\u23af las tendencias humanas y encamina la acci\u00f3n social hacia tal o cual prop\u00f3sito. Lo mismo podr\u00eda decirse del pacto social, con la salvedad de que utiliza canales de mayor legitimaci\u00f3n (nacional, soberana, jur\u00eddica), y por lo tanto, su alcance y efectividad es mayor, al igual que su responsabilidad.<\/p>\n<p>En aquellos tiempos de convulsi\u00f3n pol\u00edtica en Latinoam\u00e9rica, Vargas Llosa abus\u00f3 de la confianza de Garc\u00eda M\u00e1rquez porque lo consideraba un intelectual af\u00edn, alguien que defender\u00eda sin duda la libertad del poeta Padilla. Pero, para un coste\u00f1o audaz y espabilado como Gabo, quien por supuesto comparte principios morales similares a los del acad\u00e9mico peruano, la situaci\u00f3n se habr\u00eda podido resolver sin una confrontaci\u00f3n, de forma m\u00e1s pr\u00e1ctica y sin ofender la autoestima de un dictador egoc\u00e9ntrico y precipitar un espect\u00e1culo internacional.<\/p>\n<p>He ah\u00ed la diferencia: en la pol\u00edtica la forma, los medios y la estrategia importan. El dirigente no se entrega a la ciega persecuci\u00f3n del bien com\u00fan, ignorando los matices que presenta cada escenario. El arte, en cambio, reposa sobre la exaltaci\u00f3n de unos ideales inmaculados, se proyecta a trav\u00e9s de ellos sin mayores interferencias y no se atreve nunca a dar una respuesta, porque si la da no ser\u00eda arte sino panfletarismo. El pol\u00edtico, se supone que partiendo de una escala de valores, intenta dar respuesta a problem\u00e1ticas complejas sabiendo que debe priorizar y ponderar, lo que inevitablemente conlleva a descartar otras necesidades. En ese sentido, el artista es mal pol\u00edtico porque carece resolutividad; el pol\u00edtico mal artista porque debe anteponer la celeridad a la contemplaci\u00f3n. Y ah\u00ed se presenta la oportunidad de una beneficiosa hibridaci\u00f3n: escritores dispuestos a diseccionar con precisi\u00f3n los problemas sociales que nos acecen actualmente y gobernantes doctos con templanza, rigor acad\u00e9mico y una serie de principios inmanentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Miguel A. Montes Curi (Especial para Revista zetta). Cartagena de Indias, 15 de junio de 2025.- Tras haber intercambiado algunas cartas, Vargas Llosa y Garc\u00eda M\u00e1rquez se vieron por primera vez en Caracas, donde el peruano recibir\u00eda el prestigioso premio literario R\u00f3mulo Gallegos por su novela La casa verde. Por entonces, apenas publicada unas semanas antes en Buenos Aires, Cien a\u00f1os de soledad (1967) ya retumbaba en el mercado literario latinoamericano. 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