{"id":60017,"date":"2026-09-11T08:36:45","date_gmt":"2026-09-11T13:36:45","guid":{"rendered":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=60017"},"modified":"2026-09-11T08:36:45","modified_gmt":"2026-09-11T13:36:45","slug":"don-jorge-irisarri-nunez-adios-al-educador-insigne-de-cartagena-opinion-de-luis-eduardo-brochet-pineda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=60017","title":{"rendered":"Don Jorge Irisarri N\u00fa\u00f1ez: adi\u00f3s al educador insigne de Cartagena &#8211; Opini\u00f3n de Luis Eduardo Brochet Pineda"},"content":{"rendered":"<p><b>Por Luis Eduardo Brochet Pineda.- (Especial para revista Zetta).- Cartagena de Indias, 11 de septiembre de 2026.-\u00a0<\/b>En d\u00edas pasados una noticia melanc\u00f3lica y sorpresiva se difundi\u00f3 por el grupo de WhatsApp <b>\u201cLos Esperancistas\u201d, <\/b>que desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada integramos varios amigos y condisc\u00edpulos del <b>Colegio de La Esperanza,<\/b> ubicado en la Calle del Tejadillo del Centro Hist\u00f3rico, d\u00f3nde estudiamos por la d\u00e9cada de los sesenta y setenta del pasado siglo.<\/p>\n<p>La noticia aciaga fue el fallecimiento de Don Jorge Irisarri N\u00fa\u00f1ez, nuestro querido profesor y vicerrector de aquella instituci\u00f3n emblem\u00e1tica, que lo sigue siendo hoy a trav\u00e9s del Colegio La Nueva Esperanza, de larga y fruct\u00edfera tradici\u00f3n cultural en la historia de Cartagena de Indias, formadora de muchas generaciones. <span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Por aquellas calendas no exist\u00eda la \u201cjornada continua\u201d ni tampoco los uniformes; de tal forma que los horarios contemplaban dos jornadas diarias (de 7:00 u 8:00 am., a 11:00 am., y de 2:00 a 4:00 o 5:00 pm.). El vestuario deb\u00eda ser impecable; zapatos bien lustrados y corte de cabello adecuado, sin un mil\u00edmetro de largo sobre las orejas: <b>ese era un riguroso orden disciplinario de estricto cumplimiento, que a\u00fan conservamos todos los que somos Esperancistas de aquellas cohortes.<\/b><b><\/b><\/p>\n<p>Los que viv\u00edamos cerca del Colegio (en los barrios de El Cabrero, San Diego, Santo Domingo o Centro Hist\u00f3rico), \u00edbamos a casa a almorzar, hac\u00edamos la siesta algunas veces y regres\u00e1bamos al colegio con ropa limpia, regularmente. La campana de ingreso a las aulas sonaba con cinco minutos de anticipaci\u00f3n y pasados cinco minutos de la hora correspondiente, las puertas se cerraban y no hab\u00eda posibilidad alguna de una concesi\u00f3n, salvo una justificada y documentada excusa m\u00e9dica.<\/p>\n<p>Don Jorge, en compa\u00f1\u00eda de su padre, Don Antonio Mar\u00eda Irisarri, qui\u00e9n era el Rector por aquellos a\u00f1os, <b>nos recib\u00edan a la entrada con una amable sonrisa, pero con escrutadora mirada y, ante el m\u00ednimo desliz est\u00e9tico o de presentaci\u00f3n personal, el estudiante no entraba a clases y ten\u00eda que enmendar la falta para el d\u00eda o la jornada siguiente:<\/b> aquello era coherencia, respeto, cumplimiento y autoestima.<\/p>\n<p>Independiente al compromiso acad\u00e9mico de cada a\u00f1o escolar, exist\u00edan otros: la semana cultural, la exposici\u00f3n cient\u00edfica, los torneos deportivos intercolegiados y el concurso nacional de ciencias e ingl\u00e9s; hab\u00eda que competir, pero tambi\u00e9n hab\u00eda que ganar y cosechar premios; esa era una misi\u00f3n institucional que no pod\u00edamos soslayar y, de hecho, se cumpl\u00eda en la mayor\u00eda de los casos.<\/p>\n<p>Como un peque\u00f1o par\u00e9ntesis anecd\u00f3tico, me referir\u00e9 a Don Antonio Mar\u00eda Irisarri, el se\u00f1or Rector: siempre impecable de lino blanco y corbata negra, recuerdo aquellos derroches de conocimiento, cuando al faltar un docente; sea de aritm\u00e9tica, \u00e1lgebra, historia o ingl\u00e9s, Don Antonio llegaba al aula, nos preguntaba por d\u00f3nde \u00edbamos en la asignatura y segu\u00eda la tem\u00e1tica de clases con una facilidad incre\u00edble, que lo prefer\u00edamos al docente titular.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Don Jorge, de profesor de ingl\u00e9s y prefecto de disciplina, ascendi\u00f3 a vicerrector y luego a la rector\u00eda en ausencia de Don Antonio. Fue siempre nuestro referente y modelo de orden y disciplina; de las libertades con responsabilidad y del sacrificio por el logro de los objetivos en la vida.<\/p>\n<p>Nos hizo hombres y mujeres honestos, aunque competitivos, luchadores y respetuosos de las diferencias ideol\u00f3gicas, religiosas o pol\u00edticas; con valores s\u00f3lidos e innegociables. <b>Nuestros hijos y nietos, sin saberlo, llevan parte de esa ense\u00f1anza indeleble.<\/b><\/p>\n<p>A su esposa Marta Foschini; a sus hijas Mar\u00eda Virginia y Ana Milena, nuestros profundos sentimientos de solidaridad, aprecio y agradecimiento.<\/p>\n<p>Este legado valios\u00edsimo est\u00e1 hoy seguro y en buenas manos: Mar\u00eda Virginia Irisarri Foschini, directora del Colegio La Nueva Esperanza, de Turbaco (Bol\u00edvar).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Luis Eduardo Brochet Pineda.- (Especial para revista Zetta).- Cartagena de Indias, 11 de septiembre de 2026.-\u00a0En d\u00edas pasados una noticia melanc\u00f3lica y sorpresiva se difundi\u00f3 por el grupo de WhatsApp \u201cLos Esperancistas\u201d, que desde hace m\u00e1s de una d\u00e9cada integramos varios amigos y condisc\u00edpulos del Colegio de La Esperanza, ubicado en la Calle del Tejadillo del Centro Hist\u00f3rico, d\u00f3nde estudiamos por la d\u00e9cada de los sesenta y setenta del pasado siglo. 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