{"id":60039,"date":"2026-09-25T06:04:38","date_gmt":"2026-09-25T11:04:38","guid":{"rendered":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=60039"},"modified":"2026-09-25T06:05:08","modified_gmt":"2026-09-25T11:05:08","slug":"el-poder-de-la-plaza-opinion-de-carlos-feliz-monsalve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazetta.com\/?p=60039","title":{"rendered":"El poder de la plaza &#8211; Opini\u00f3n de Carlos F\u00e9liz Monsalve"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #0000ff;\"><strong>Por Carlos F\u00e9liz Monsalve (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 25 de septiembre de 2026.-<\/strong> <\/span>Hay lugares que parecen simples espacios f\u00edsicos, pero que terminan convirti\u00e9ndose en el coraz\u00f3n de una comunidad. La plaza es uno de ellos.<\/p>\n<p>Una plaza son unos cuantos metros cuadrados. Pueden ser grandes o peque\u00f1os, formales o improvisados. Pero cuando la gente los ocupa, los hace suyos y se encuentra all\u00ed, dejan de ser simplemente parte del mobiliario urbano para convertirse en escenarios de ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>La plaza es el lugar donde nos reconocemos. Donde nos encontramos con el vecino, con el amigo, con el contradictor y tambi\u00e9n con aquel que piensa distinto. Es el espacio donde la conversaci\u00f3n deja de ser privada para convertirse en asunto p\u00fablico.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Por eso la plaza tiene poder.<\/strong><\/p>\n<p>Ha sido, a trav\u00e9s de la historia, nuestra <b>\u00e1gora criolla<\/b>. All\u00ed han ocurrido encuentros pol\u00edticos, religiosos, culturales, deportivos y comerciales. All\u00ed se han escuchado discursos, se han celebrado fiestas, se han planteado inconformidades y se han construido acuerdos. En ella tambi\u00e9n se ha expresado, de manera espont\u00e1nea, esa extraordinaria capacidad que tiene la ciudadan\u00eda para hablar de lo que le importa.<\/p>\n<p>La plaza es di\u00e1logo, pero tambi\u00e9n diferencia. Es confrontaci\u00f3n, pero puede ser confrontaci\u00f3n pac\u00edfica. Es debate, desacuerdo, encuentro y, muchas veces, consenso.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Es un verdadero laboratorio social.<\/strong><\/p>\n<p>En una plaza se encuentran el gobierno y la comunidad; lo p\u00fablico y lo privado; el l\u00edder y el ciudadano; el joven y el adulto mayor; el comerciante y el vecino. All\u00ed la democracia deja de ser un concepto abstracto y se convierte en algo concreto: personas sentadas frente a frente hablando sobre lo que ocurre en su territorio.<\/p>\n<p>La plaza es, en cierta forma, el gran sal\u00f3n de eventos sin aire acondicionado de una ciudad.<\/p>\n<p><strong>Y quiz\u00e1s all\u00ed reside parte de su magia.<\/strong><\/p>\n<p>Porque una plaza no necesita paredes para reunirnos. No necesita protocolos para permitirnos hablar. No necesita una pantalla para mostrarnos lo que piensa el otro. Solo necesita algo mucho m\u00e1s sencillo y, al mismo tiempo, mucho m\u00e1s dif\u00edcil de conseguir: <b>que nos encontremos<\/b>.<\/p>\n<p>Las plazas, los parques, las canchas, las tiendas, las barber\u00edas, las cafeter\u00edas, las mesas de domin\u00f3, los billares, los campos de s\u00f3ftbol, los bingos y las tarimas barriales son tambi\u00e9n plazas. Son lugares donde la ciudadan\u00eda conversa, se reconoce, construye identidad y expresa libremente aquello que muchas veces no dice dentro de su casa.<\/p>\n<p>Hoy tenemos m\u00e1s herramientas para comunicarnos que nunca, pero parad\u00f3jicamente podemos estar cada vez m\u00e1s lejos unos de otros.<\/p>\n<p>Las redes sociales nos permiten hablar con miles de personas, pero la plaza nos permite mirar a los ojos a una.<\/p>\n<p><strong>Y mirar a los ojos cambia la conversaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>En las redes podemos bloquear al que piensa diferente. En la plaza tenemos que compartir el mismo espacio. En las redes podemos abandonar una conversaci\u00f3n con un clic. En la plaza podemos quedarnos, escuchar, responder y, quiz\u00e1s, terminar entendiendo al otro.<\/p>\n<p>Por eso recuperar la plaza tambi\u00e9n significa recuperar una parte de nuestra capacidad para convivir.<\/p>\n<p>Necesitamos m\u00e1s espacios para conversar sobre los problemas del barrio, de la ciudad y del pa\u00eds. M\u00e1s lugares donde la comunidad pueda plantear soluciones, donde las autoridades puedan escuchar y donde las decisiones puedan construirse con quienes viven diariamente las realidades que esas decisiones pretenden transformar.<\/p>\n<p>Pol\u00edticos, l\u00edderes comunitarios, empresarios, pastores, presidentes de juntas de acci\u00f3n comunal, j\u00f3venes, influenciadores y autoridades tienen en la plaza un escenario natural para convocar, escuchar y participar.<\/p>\n<p>Pero la plaza no pertenece a nadie en particular.<\/p>\n<p><b>La plaza pertenece a todos.<\/b><b><\/b><\/p>\n<p>Por eso vale la pena pensar en una idea sencilla: <b>m\u00e1s plazas y menos redes sociales<\/b>.<\/p>\n<p>M\u00e1s encuentros y menos pantallas.<\/p>\n<p>M\u00e1s caminar y menos pasar de largo.<\/p>\n<p>M\u00e1s conocer nuestros barrios, nuestras calles y nuestros parques. M\u00e1s reconocer al vecino, al comerciante, al l\u00edder comunitario, al joven que juega en la cancha y al adulto mayor que todas las tardes se sienta en la misma esquina.<\/p>\n<p>Caminar la ciudad es tambi\u00e9n una forma de conocerla. Y conocerla es una manera de comprenderla.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s necesitamos volver a caminar nuestras ciudades. Volver a sentarnos en una plaza. Volver a conversar sin intermediarios. Volver a escuchar a quien piensa diferente.<\/p>\n<p>Porque una democracia no se construye solamente en los grandes edificios institucionales.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se construye en una banca, en una esquina, alrededor de una mesa de domin\u00f3, en una cancha, en una tienda de barrio y en cualquier lugar donde dos personas puedan sentarse a hablar de lo que les importa.<\/p>\n<blockquote><p><b>La plaza tiene poder.<\/b><b><\/b><\/p>\n<p>Tiene el poder de reunirnos, de confrontarnos sin destruirnos, de reconocernos, de escucharnos y de recordarnos que, aunque pensemos diferente, compartimos un mismo territorio y una misma responsabilidad de construir comunidad.<\/p>\n<p>Porque cuando la gente vuelve a ocupar la plaza, la democracia vuelve a tener un lugar donde encontrarse.<\/p>\n<p><b>M\u00e1s plazas. Menos pantallas. M\u00e1s conversaci\u00f3n. M\u00e1s comunidad.<\/b><br \/>\n<b>Porque una ciudadan\u00eda que se encuentra, se escucha y delibera construye m\u00e1s y mejor democracia.<\/b><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos F\u00e9liz Monsalve (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 25 de septiembre de 2026.- Hay lugares que parecen simples espacios f\u00edsicos, pero que terminan convirti\u00e9ndose en el coraz\u00f3n de una comunidad. La plaza es uno de ellos. Una plaza son unos cuantos metros cuadrados. Pueden ser grandes o peque\u00f1os, formales o improvisados. Pero cuando la gente los ocupa, los hace suyos y se encuentra all\u00ed, dejan de ser simplemente parte del mobiliario urbano para convertirse en escenarios de ciudadan\u00eda. La plaza es el lugar donde nos reconocemos. 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