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Debates de venganza – Opinión de John Zamora

Por John Zamora (Director Revista Zetta 20 años).- Todo el que llega a gobernador o alcalde sabe que las preocupaciones no terminan con el fin del mandato, sino que se prolongan con las investigaciones de las “ías”, así que debe estar preparado para la defensa jurídica de su gestión.

Al tomar posesión, juró cumplir y hacer cumplir las leyes, y entender que todos sus actos serán escrutados, de modo que ninguno se debe sorprender por derechos de petición o debates políticos donde se examinen sus acciones.

El examen de la obra de gobierno es un derecho ciudadano, y el mandatario de turno está en lo obligación de responder siempre por lo actuado.

El debate político también es sano y bienvenido, porque permite contrastar, al tiempo que oxigena el ejercicio democrático.

Los tiempos actuales hacen especial énfasis en un imporante, delicado e imprescindible asunto público: la corrupción.

Madre de muchos males, la corrupción debe ser enfrentada sin aspavientos, y quienes se bañen en su torrente deben pagar el daño causado a la ciudadanía.

El debate contra la corrupción no tiene dueño ni parcela, es de todos, pues su naturaleza es democrática y ciudadana.

Cuando el debate se aparta de esa inspiración, y se utiliza como arma política, pierde su esencia, así mantenga sus efectos.

Las armas políticas son variadas en formas y sabores, y no escatiman nada para mimetizarse, como el ponerse el disfraz de debate de corrupción.

La venganza está en el menú de razones para inspirar un debate, y de esa manera la lucha contra la corrupción se torna rehén de la sed política. Podrá tener efectos, podrá sacar a la luz algún pasaje oscuro, podrá acorralar al objeto del deseo, pero jamás tendrá legitimidad ni honorabilidad. Obtendrá palmas por las denuncias, lo mismo que descrétido no calcluado. Tiro por la culata, dicen.

Aunque sean un derecho de todos, los debates contra la corrupción también tienen su gente, personas que dedican su vida a esa lucha sin esperar nada a cambio sino su erradicación.

Pero también cualquiera puede despertar cualquier mañana con el sensato ánimo de batir la espada contra ese flagelo. “Hoy amanecí con ganas de acabar un corrupto”, puede ser su consigna, y acudir a todas redes sociales para ventilar y promocionar su lid.

Sea como fuere, todas las aristas de la gestión pública pueden ser objeto del debate por corrupción, llámense, por ejemplo, hospitales o regalías, para citar solo dos. Así como la gente ve quién promueve un debate, de la misma forma sabe en qué temas ese noble, repentino y gratuito luchador no se ha metido nunca… o no se debe meter. Y pasará lo que señala la vieja ley de la física esgrimida por Isaac Newton: a toda acción corresponde una reacción en igual magnitud y dirección pero de sentido opuesto.

Corolario: “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”, repetía El Chavo del Ocho.

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