¿Quién controla la narrativa? – Opinión de Carlos Féliz Monsalve

Por  Carlos Féliz Monsalve (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 6 de mayo de 2026.- Para nadie es un secreto que con diversos intereses, entre esos el político, se construye una narrativa de oposición o en contra de la gestión de la actual administración distrital. De manera planificada, sistemática, simultánea y permanente en redes, se pone en portales, por influencers y opinadores, la crítica a todo momento de las obras y la gestión del gobierno Turbay, tratando de minimizar, estigmatizar y pordebajear la inversión histórica en materia de infraestructura para la ciudad. Se critica la gestión y construcción de hospitales, instituciones educativas, vías, puentes, complejos deportivos, parques y en general todo el mobiliario urbano que de manera planificada y aprobada por el concejo distrital se realiza en todas las localidades de la ciudad.

Debemos detenernos a analizar que el plan de gobierno y, en consecuencia, el plan de desarrollo distrital que hoy se ejecuta, fue el que aprobó amplia y mayoritariamente los cartageneros en las justas democráticas y en concertación participativa. Hoy se cuentan historias cortas, sesgadas y tergiversadas para establecer una percepción, un vínculo negativo o para generar una aversión de la comunidad para con el gobierno. Estructuran una narrativa de entretenimiento y de pseudoenseñanza que llegue a las emociones de la gente con el propósito de moldear pensamientos y visiones buscando vulnerar la gestión que se hace en torno a la ya mencionada infraestructura de la ciudad que por demás tenía un rezago de hace muchos años.

Controlar la narrativa se utiliza no sólo en el mundo de la política o de los medios de difusión digital, sino también en la farándula comunicativa, hoy de realities, redes sociales, marketing, relaciones públicas y sociales e incluso en el discurso de acompañamiento creativo que se mal vende. Son historias insidiosas que se cuentan con medias verdades o con falsedades absolutas que según aseguran que mucha gente hable o repita y repita lo que hay que mal posicionar. Las características más importantes del universo narrativo deben ser la coherencia y la fidelidad, deben ser historias con sentido y con resonancia objetiva lo cual es muy distante de la campaña que montan para desprestigiar la gestión probada y con resultados del actual alcalde.

La narrativa opositora se ve poco objetiva y por tanto corta al relatar los hechos y las realidades de casi dos años y medio de gobierno. Esas historias o puntos de vista para opacar, ridiculizar y desacreditar son día a día contrarrestadas no por narrativas, sino por obras que se inauguran, por mejor atención en hospitales, por bienestar de niños y niñas en sedes educativas, por plazas y parques de integración social, por mejor movilidad o por satisfacción y caras felices de ciudadanos que les dieron una vivienda o se la mejoraron. Esos cuentos de desprestigio esconden una complejidad mezquina que los ciudadanos hoy no estarán dispuestos a contemplar.

La gente ya no cree cuentos e historias, pide realidades, acciones en concreto, bienestar social, dignificación de espacios y resultados para el desarrollo. El control de la narrativa lo tiene el ciudadano, lo refleja las realidades, lo exponen los pasos al desarrollo y se simplifica con las emociones humanas. No hay buenos o malos, víctimas o verdugos, héroes o villanos, lo que hay es personas que hacen lo que se tiene que hacer en un gobierno, que apuntan a que la gente salga adelante para que interpreten las molestias temporales de las obras como un bienestar para el futuro a corto y mediano plazo.

Construir ciudadanía es querer empujar todos hacia el mismo lado, ajustando, corrigiendo, pero sin perder el norte, la perspectiva de lo que queremos y hacia dónde queremos ir como ciudad. Datos opacan relatos, obras y resultados deslucen comentarios negativos y realidades acaban banalidades. La narrativa la controla los hechos, las acciones, el bienestar del ciudadano, el desarrollo social, el crecimiento económico y la superación de años y años postrados ante otras visiones del progreso.

Claro que falta más, más empleo, más seguridad, mejor movilidad, proyectar mas educación, consolidar la prestación de servicios de salud, ajustar servicios públicos esenciales y más…. Más hospitales, más escuelas, vías, espacios lúdicos y más, pero ojo, casi el 100% de todas estas necesidades se suplen con espacios y mobiliarios urbanos que se hacen con cemento, que se hacen en concreto.

Como diría Joaquín Franco Burgos, en este gobierno distrital hay hechos, no palabras.

Para mí, no hay cuentos, no hay paja.

Carlos Feliz Monsalve.