El “Progre Nazismo” o la filosofía de la patraña – Opinión de Luis Eduardo Brochet Pineda

Por Luis Eduardo Brochet Pineda (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 17 de julio de 2026.- En los últimos setenta años, el comunismo (léase también socialismo, progresismo, grupo de Puebla; socialismo del siglo XXI, “caudillos” del ambientalismo, del veganismo, del cambio climático, de los “derechos humanos” de los animales; del antisemitismo, de la “causa” palestina, del feminismo y otros “buenísmos y/o wokismos” estúpidos), ha esbozado sistemáticamente, la equivocada tesis de vincular a las democracias capitalistas occidentales con el Fascismo o el “Imperio” Nazi de los mil años.

Históricamente, ha sido el mito y la farsa pedagógica más posicionada por la izquierda radical universal, al mejor estilo propagandístico del sociópata Joseph Goebbels, ministro de la Propaganda y la Ilustración Pública del Tercer Reich Nazi, entre 1933 y 1945.

Ideológicamente, tanto las bases partidarias del fascismo en la Italia de Benito Mussolini como en la Alemania Nazi de Hitler, bebieron de las fuentes de partidos y movimientos obreros, socialistas y antidemocráticos (Partido Nacional Fascista y Partido Nacional Socialista Obrero Alemán); ambos de tendencias totalitarias,  creadores de irracionales fábulas culturales, históricas y raciales, que manipularon las conciencias de sus pueblos y arrasaron con todas las instituciones democráticas y civilistas en pleno siglo XX, con un fuerte arraigo y respaldo popular entre sus primeros militantes. 

Mussolini monopolizó toda la radio estatal desde 1927 y adoctrinó a la población con transmisiones en directo, lo que también extendió a la plaza pública a través de altavoces, para que los analfabetas pudieran escucharlo. Ello, porque desde 1914 que fundó el periódico Il Poppolo d´Italia (El pueblo de Italia), un remedo del periódico socialista “Avanti”, se requería mayor masificación de la propaganda.

En el Mein Kampf (Mi Lucha), una farragosa obra política – filosófica escrita por Adolf Hitler en prisión durante los años veinte del pasado siglo, se sientan los 25 principios fundacionales del Nacional Socialismo Obrero Alemán o Nazismo, incluyendo los “dogmas de fe” del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, a quienes los nazis y los fascios admiraban por su disciplina y capacidad de luchar por ideales “superiores”. En el plano económico y del desarrollo, es claro que los principios del nazismo reñían con la propiedad privada y la libertad de mercados, muy en boga en el modelo del liberalismo económico inglés de la época, a quien Hitler culpaba de la derrota humillante de Alemania en la primera guerra mundial.

Mejor, los nazis se identificaron siempre con el desorden fiscal y el excesivo gasto público, sometiendo a la industria pesada y al empresariado incipiente alemán, para lograr sus fines militares y bélicos; de hecho, la invasión a Polonia el 1° de septiembre de 1939 que inicia la segunda guerra mundial, en connivencia espuria con los bolcheviques soviéticos que luego traicionaría, obedeció a una crítica necesidad de apropiación urgente de recursos y expansión del territorio productivo.

En el plano del caudillismo y rasgos de personalidad de los fascistas y nazis, incluyo aquí al genocida soviético Joseph Stalin, se caracterizaron (y se caracterizan), por el mesianismo, la megalomanía el narcisismo y la bipolaridad. Mussolini, Hitler, Stalin, Lenin, Marx y Engels, eran afectos al esclavismo y a la necesidad humana de eliminar a las “etnias inferiores”, empleando cualquier medio represivo, de disuasión o totalitario (empleo de todas las formas de lucha, reza el aforismo de izquierda radical latinoamericano y colombiano)  

Nazis y comunistas se identifican y complementan; los primeros mutaron en los segundos: son los enemigos naturales de la democracia, de las instituciones, el Estado de Derecho y los derechos fundamentales de los seres humanos; desde TREBLINKA y AUSCHWITZ, hasta GULAG y  los CAMPAMENTOS FARC.

Para mayor ilustración sobre algunos de estos temas, recomiendo la lectura de la obra investigativa de Axel Káiser, “Nazi – Comunismo”.

Dicho lo anterior, cualquier semejanza con el gobierno progresista saliente;  guardando las debidas proporciones, no deja de ser curiosa. Durante cuatro años solo hemos escuchado escándalos de corrupción insospechados, expoliación de los recursos públicos, odios y división de clases; acuerdos con criminales de lesa humanidad; delirios de grandeza, fantasías inalcanzables, mentiras, amenazas, calumnias, depravación y una enorme capacidad de negación.

El gobierno petrista, con el sol a sus espaldas, sigue negando la debacle macroeconómica y fiscal; niega los resultados electorales, la legitimidad del presidente electo; niega el fracaso del programa criminal de la “Paz Total”; niega los 4 millones del “voto fusil” en 520 municipios del país, niega su responsabilidad en presuntos homicidios, magnicidios y negociados con narcotraficantes; ahora sigue negando el aluvión de contratos y nombramientos de última hora; y niega el presunto plan terrorista desestabilizador en la posesión del Congreso, el 20 de julio próximo: es el histrionismo populista de las patrañas de Joseph Goebbels a “valor presente”.

¡Que bien cae la decisión del presidente electo y su nuevo canciller, de cerrar el paso a las relaciones con las satrapías de Cuba y Nicaragua; yo pondría “en remojo” también, las relaciones con países comunistas africanos o teocracias musulmanas que nada nos aportan, como por ejemplo Tanzania, Irán o Afganistán!