
Por Ambrosio Fernandez (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 9 de octubre de 2026.- La noticia que se volvió viral los últimos días en redes sociales sobre Jorge Enrique “Yoyo” Benedetti y la Alcaldía de Cartagena merece atención. Según varias publicaciones, en el entorno político del alcalde Dumek Turbay ya no lo considerarían entre las principales opciones para recibir su respaldo en 2027. La versión aún no está confirmada.
Aun así, desde mi opinión, ojalá sea cierta. No porque haya que descalificar la gestión actual, sino porque podría abrir espacio para que Benedetti construya una candidatura con voz propia. La democracia triunfa y se fortalece cuando surgen liderazgos independientes, capaces de proponer sin depender de la continuidad de un gobierno ni de la aprobación de sus aliados.
Hay que decirlo con claridad: el gobierno de Dumek Turbay ha hecho muchas cosas buenas por Cartagena. Reconocer sus avances es justo, no lo podemos negar. Pero la ciudad conserva numerosos pendientes y enfrenta problemas que requieren nuevas respuestas y nuevas formas de atenderlos. Una gestión puede mostrar resultados y, al mismo tiempo, tener asuntos por corregir. Gobernar implica evaluar, aprender y ajustar lo que sea necesario.
Si se impone una continuidad política, seguramente se prolongará buena parte del rumbo actual, con sus aciertos y también con los temas sin resolver, y sin atender. Por eso la independencia es fundamental: permite revisar prioridades sin quedar atado a defender cada decisión, conservar lo que funciona y proponer cambios donde haga falta. No significa desconocer lo bueno, sino tener libertad para mejorar lo pendiente.
Una candidatura independiente debe convertir esa autonomía en propuestas serias: un programa concreto, metas medibles, un equipo competente, financiación transparente y disposición a rendir cuentas. Cartagena no necesita promesas de ruptura, sino alternativas viables para comparar y escoger.
La pluralidad también mejora la gestión pública. Cuando existen opciones con identidad propia, el debate se amplía, los gobiernos reciben incentivos para escuchar y corregir, y quienes aspiran a gobernar deben explicar cómo ejecutarían sus propuestas. En empleo, seguridad, movilidad, servicios públicos y brechas entre barrios, ningún proyecto debería tener el monopolio de las respuestas.
Por eso, si Benedetti decide tomar distancia y avanzar con una propuesta independiente, merece la oportunidad de exponerla y someterla al escrutinio ciudadano. No se trata de anticipar respaldos ni de entregarle un cheque en blanco, sino de defender el derecho a competir con ideas y permitir que los cartageneros elijan entre proyectos diferentes.
Ojalá el rumor sea cierto, Benedetti representa un liderazgo capaz de reconocer los avances, caminar con autonomía y proponer cambios. Renovar no es borrar lo construido: es abrir nuevas posibilidades de desarrollo para Cartagena. Cartagena necesita pluralidad, independencia y nuevos liderazgos propios que sean capaces de construir y mejorar sobre lo construido.
