
Por Juan Carlos Ayala (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 6 de noviembre de 2026.- No tengo dudas de que la ciudad hoy vive el momento de mayor intensidad horaria en la educación de sus habitantes. Hoy la educación de Cartagena es la prioridad para todos, porque en verdad el recreo duró más de la cuenta. Y el reloj del olvido, con el implacable segundero del abandono, hizo un receso de clases casi eterno. Hoy vivimos una nueva jornada llena de tareas atrasadas que se acumularon en pasados periodos.
Pero sonó la campana en 2024 y Cartagena volvió a clases. Volvimos a priorizar la educación como la piedra angular de esta superciudad.
Cuántas tareas adelantadas: el colegio de Parque Heredia, la Institución Educativa Ciudadela de la Paz, el Antonio José Sucre y el emblemático INEM son algunas de las obras que radicalmente rompieron todos los paradigmas que nos sumieron en las vacaciones estudiantiles más grandes de la historia de la ciudad.
Porque si estábamos en recreo —en un recreo donde la educación de la ciudad llegó a vivir «el Niágara en bicicleta» y a estar moribunda, cayéndose a pedazos—, logró ser reanimada con una magna beca llamada prioridad. Una inyección de más de 200.000 millones logró mitigar el cáncer que la consumía. Hoy los esfuerzos en infraestructura educativa van rondando el 80 % de avance. Hoy ya se siente una educación con mucha más energía, pero vamos por la mitad de la jornada. Este periodo termina en 2027 y es nuestra responsabilidad graduarla con honores.
Cartagena no puede volver a tener un recreo sin sentido, una espera fatua sin aprender, porque quien deja de aprender, deja de crecer.
Sí, habíamos reprobado en muchas materias. En matemáticas solo sabíamos dividir; hoy nos hemos vuelto expertos en sumar y multiplicar: sumar colegios, multiplicar calles, hospitales, buses nuevos, canchas, parques, monumentos, mejoramientos de vivienda, ayudas a la población vulnerable, mañanas saludables y limpieza de canales. Y solo aprendimos a restar esperpentos como Acuarela y un sinnúmero de huecos, ruinas y tristezas.
En idiomas aprendimos a diferenciar los finos vocablos de esperanza de los gemidos primitivos de corazones llenos de envidia y resentimiento; a diferenciar al que construye con propuestas de quienes practican el idioma terrorífico de la crítica sin sentido.
En educación física ya no somos sedentarios; hay un gran circuito para caminar llamado corredor histórico: 2 km de sol, brisa y salud en nuestro colegio llamado Cartagena. La vía olímpica es de todos, como la plaza. Fútbol, béisbol, natación; miles de ciclistas contagiados por la fiebre del reto Movistar, el Ironman y el Gran Fondo Nairo llenan de vida, deporte y recreación nuestras calles, parques y plazas. Cartagena hoy, sin duda, es heroica y saludable.
La paradoja es que la mayor lección es que nos necesitamos todos: líderes capaces fungiendo como docentes idóneos para enseñar. El alcalde, el gobernador y sus secretarios forman una planta de docentes de lujo. Los colegios son la matriz del génesis de cómo ser educados. Pero la clase es teórico-práctica, superlativamente pertinente y conexa con todo el plantel llamado Cartagena, nuestra gran aula de clases.
El joven cartagenero no solo tendrá la dicha de estudiar en un ambiente digno, fresco, moderno, bilingüe e inclusivo, también tendrá la pista de despegue pertinente para alzar vuelo en su vocación. Los dones se descubren en Cartagena. El lápiz no puede romper un hielo, pero fue hecho para algo más trascendental: escribir una historia de alegría y éxito. Eso es pertinencia, eso es Cartagena.
Nuestros jóvenes tendrán la plataforma para aplicar su vocación. Un corredor industrial rehabilitado invita a los gremios e industriales a recibir con agrado a nuestro mayor tesoro: nuestra juventud. Un superpuerto que es el orgullo eficiente del hemisferio espera sin dudar el semillero que producirán el INEM y el María Santos. Una Secretaría de Turismo promueve los nuevos proyectos hoteleros y de alta gastronomía, además de nuevas y mejores rutas aéreas para restablecer la oferta del sector: recibir con entusiasmo a todos esos nuevos turistas y a todos esos nuevos talentos que crecen llenos de vida en las 35 incubadoras de sueños, los 35 colegios que hoy se están interviniendo.
La lección es clara: hoy todos somos más educados, más ordenados, más resilientes, más éticos. Y sin duda alguna, vivir en Cartagena hoy es la mayor mención de honor.
