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Cultura

Boris García, líder de Sabrosura, esencia sonora cartagenera

Por Jairo Solano Alonso (Publicado por La Lira).– Boris García fue quien concibió la gran banda Heroicos -el sonido cartagenero-, dirigida por el maestro Carlos Quintana, en la que se recoge la tradición más acendrada del so- nido de esta urbe en los últimos 100 años, desde cuando hay memoria de sus bandas legendarias que precedieron la industria fonográfica, instalada en la ciudad por la familia Fuentes por allá en 1934 y que amal- gamó en forma pionera el sonido de la ciu- dad y la región. Rufo Garrido, Pedro Laza, Clímaco Sarmiento reciben el tributo de las nuevas generaciones, recreando la música vertida al acetato entre los años 40 al 70 con los sonidos emergentes de los años 80 en la ciudad, donde se destacaban Barbacoa, Joe Arroyo, Los hijos del sol, Son Cartagena, Juan Carlos Coronel, Lucho Tower, Viviano Torres, los Seven de Swing y Víctor del Real (El Nene y sus traviesos), Ramy Torres (Los Inéditos) y con ellos una pléyade de músicos queridos por el pueblo como Hugo “Sabor” Alandete, de quien procede el nombre del espectáculo, porque era quien decía: “en Cartagena todo es sabrosura”.

Hugo Alandete perteneció al proyecto y aun-que ya partió al infinito, es acreedor a la mayor expresión de afecto de parte de Sabrosura, porque fue su luz constante.

La unión de talentos que ha liderado un mú- sico consagrado como Boris ha dado como resultado el tránsito del sonido clásico car- tagenero a las novedades recientes en los ba- rrios populares, donde los fanáticos de los pick ups han creado a partir de la discogra- fía africana un auténtico ritmo nativo y rai- zal, que interpreta el sentir de sus barriadas, que se ha posicionado como un producto auténtico y original: La champeta. Esa va- riante del nuevo sonido cartagenero ha teni- do como exponentes básicos a Luis Towers, Mr. Black, Twister, Edy Jey, Oscar Prince,

El Vega, Ke- vin Flórez y otros cultiva- dores de lo que se ha dado en llamar “cham- peta urbana”, que se unen a la exploración casi arqueológica de porros, fandan- gos, cumbias y gaitas , adobados con sabor a ron y tabaco de la tierra. Como invitados permanentes a la obra están voces queridas de Cartagena como Cenelia Alcázar, Rolando Alta- mar; Jorge, El Cone Alean; Luis Towers, y Mayté Montero.

Todo este gran espectáculo gestado bajo el liderazgo del cantante y compositor Boris García ha sido acreedor a la aceptación del público, la crítica, el empre- sariado, las autoridades gubernamentales de Cartagena y el Departamento de Bolívar. Sabrosura -esencia sonora cartagenera- ha tenido como escenario natural el mítico tea- tro Adolfo Mejía, con funciones itinerantes en diversos espacios de la ciudad.

La dimensión del trabajo de Boris García revela la seriedad con que ha emprendido la búsqueda y conquista de la esencia sonora cartagenera.

La vocación de Boris García se fue fraguando con el sonido de las olas en Marbella, en la Cartagena añeja, calles Estanco del Aguardiente con el Convento de San Agustín, y Cochera del Hobo, llenas del multicolor aroma de las flores que reposan en sus balcones coloniales. Ahora sabemos que Boris estuvo ligado al arte desde siempre. Su madre, practicante irrenunciable de las artes plásticas llenó de colores y de imágenes de sus hijos Boris y Larissa, las centenarias paredes de sus casas. Admirable en su liderazgo para recuperar la autenticidad de las fiestas de noviembre, en denodada lucha para recuperar el origen y el sentido popular de la celebración y de su historia y su musi- calidad. Por ese esfuerzo no pocas veces Mildred, artista nacida en Ciénaga de oro, pero cartagenera ejemplar por vocación, dirigió con acierto las fiestas populares de la Independencia, que evocaban las hazañas de los líderes mulatos de Getsemaní, protagonistas reales de esas gestas.

Su padre es el escritor y periodista Eduardo García Martínez, quien después de salir de Ovejas, la tierra de la gaita, y trasegar en estudios y rumbas legendarias en el Medellín de los años 70, y encontrar en el periodismo el alimento para su vocación literaria, halló en Cartagena el ambiente propicio para afincar su hogar y dar riendas a su pluma certera y mágica. Boris en su niñez debió escuchar a su padre cantar. Su voz tenía la nostalgia del bolero mambo y moruno de las Antillas, que se escuchaba en las frías noches de Medellín en la bohemia estudiantil de los años 70. En ocasiones, en las callecitas cartageneras uní mi voz a la suya para entonar temas que cantábamos evocando las confrontaciones universitarias de la época. No faltaron los temas de Daniel Santos, Bienvenido Granda, el Benny Moré ni Rolando Laserie quienes, desde entonces, son nuestros amigos irremplazables, como han sido los cultores del porro, la gaita y toda la música que sale del alma caribeña.

Algún día Boris descubrió en el clamor de su garganta y la nostalgia de su piel cartagenera, la necesidad de entregar su voz al público, en términos profesio- nales. Fue entonces cuando fir- mó con una casa disquera, para verter su canto en discos compactos. Su primera grabación al gran público fue en el forma- to de trio vallenato, en ho- menaje a Rafael Escalona y a Julio Bovea (Bovea y sus vallenatos). Así nació el exitoso proyecto Vallenet, que le permitió a Boris alcan-zar tan grande reconocimiento que se le abrieron las pertas del horizonte atreviéndose desde entonces a emprender sus propios proyectos gestando una imagen que consolidó con el soporte instrumental de Álvaro Cárdenas y de Henry Char, entre otros músicos, con un conjunto de cantos inspirados en el color y el sentimiento de su tierra, y que llamó Música nuestra. Hay que decir que Sabrosura ya se presagiaba en esta producción de Boris donde decía: “Oigan, mi nota sabe a Cartagena, a mi corral de piedras, grandes creativos y un cielo que siempre se besa con el mar en las tardes”.

Boris siguió explorando el sonido que buscaba en los atardeceres y puestas de sol, que alimentaba con la esencia social de los barrios y los amores de esa Cartagena histórica y combativa. Por eso, des- pués de trasegar en su investigación permanente, conformó Heroicos, el sonido cartagenero, alusión a las gestas emprendidas por los héroes de Getsemaní, aquella aristocracia morena que eran los lanceros de Pedro Romero protagonistas del sello de la independencia, en 1811.

Boris denominó “sonido cartagenero” a ese universo estético específico que no se detiene en géneros musicales, sino que se muestra además en formas particulares de identidad que se dan en los creadores musicales de Cartagena de Indias. Es un universo amplio que se plantea formas originales y en la reinterpretación de diversas músicas de otras partes, apropiaciones de sonidos cercanos, híbridos que solo se dan en ese espacio vital del Corralito de Piedra y que permiten identificar su música y diferenciarla de las creaciones de otros lugares.

Con Heroicos, Boris empezó a explorar los precedentes del sonido seductor de su ciudad, los ritmos surgidos de los aromas de sus noches cálidas, a develar los secretos de su sensualidad y a identificar los protagonistas de su esencia musical. Jubiloso escuchó el sonido metálico de trompetas, saxos, clarinetes y bombardinos que inundaron su mundo de guitarras y lo invitaron a armonizar su talante innovador, con la fuerza de la tradición. Fue entonces, cuando descubrió en el parque del Centenario una orquesta imaginaria con sus directores legendarios Rufo Garrido, Pedro Laza y Clímaco Sarmiento, gestores musicales del corralito de piedra que hacían marco a un coro de voces privilegiadas compuesto por Crescencio Camacho, quien entonaba su Fiesta en Cartagena, Lucho Pérez, El getsemanisense, el Joe Arroyo, la Rebelión y Hugo Alandete, Dile que vuelva, rescatado musicalmente del olvido por Boris, a quien lo encaramó de nuevo en los escenarios para mostrar su valía y su amor a la ciudad amada: “A que no adivinas de donde soy…”

Otra sustancia musical que, cual maná caribeño, fortaleció el espíritu musical de Boris, fue el Festival de Música del Caribe, en el cual la esencia africana de las islas se encontró en la tierra que les prodigó el primer abrigo en América a los congos, yorubas, a los bozales y cimarrones, cuando fueron arrancados de su tierra en los años 1600. Esa policromía maravillosa que se escenificó en la Heroica ciudad, brindando su resonancia de siglos a Sabrosura y a Boris, su portavoz.

De esos gloriosos precedentes extrajo Boris García su puesta en escena Sabrosura, concepto que es un compendio de la Cartagena soñada, de la música que corre por las venas de quienes aman su sonido seductor, su forma de bailar, su modo de cantar y la sensualidad de los cuerpos que la habitan y aman. Sabrosura es un espíritu que recorre el caribe colombiano desde las lejanas épo- cas de las batallas de la ciudad por sobrevi- vir ante la codicia de los piratas invasores. Al final siempre se impuso la vocación caribe de paz, solo turbada por el sonido festivo e irreverente del buscapié cartagenero en el noviembre ancestral.

A la calidad musical de Boris, gestor de Sabrosura, se unen otros talentos indiscutibles de la ciudad, exponentes del teatro, la danza y el videoarte. En lo que concierne a la puesta en escena de pasajes actorales han participado Carolina de Pombo, Laura de León, Luis Carlos Betancur “Lucas”, Lester González y otros artistas que recrean las grandes historias de la bohemia cartagenera y del discurrir sociológico de la ciudad. Ellos dan cuerpo y expresión a personajes como El Muellero, Los jóvenes de hoy, El champetúo de los barrios, Cartagena hecha persona. Lester, el “Lancero de Getsemaní” recrea los episodios cruciales de la gesta de la Independencia, dando crédito a la participación de los artesanos del arrabal en la Proclamación.

Sabrosura también dio un marco para la actuación de la belleza auténtica cartagenera. En la puesta en escena participa la actriz y reina Jeimy Paola Vargas, consagrada a nivel nacional en diversas novelas y espectáculos, en especial el alusivo a la vida de Joe Arroyo. En su actuación aporta lo que concierne a la visión femenina de las fiestas y las gestas históricas.

Una de las virtudes del espectáculo es el dancístico, muy propio de Cartagena. En Sabrosura se estudia su historia a través del baile. Desde los días de la esclavitud, en la Colonia, el negro se desahogaba tocando su tambor, imaginando que el golpe de sus cueros lo escuchaban los dioses en el África lejana que reaparecen en el sabor heredado por los cuerpos atléticos de sus gentes del pueblo, gestores de los bailes modernos que emergen en todos los even- tos, desde las fiestas de la Candelaria del 2 de febrero, hasta las celebraciones de la Independencia que evocan con su sabor el fin de una fase colonial a más de 200 años de la independencia.

Dentro de los artistas participantes en el gran evento que concentra lo mejor del arte escénico cartagenero está el maestro Giovanny Barandica al frente de su ballet folclórico Calenda, de gran trayectoria y aceptación en la ciudad, acompañado de la agrupación dancística All Africa, cuyo traba- jo es una remembranza afirmativa de la procedencia de gran parte del ancestro de los barrios populares cartageneros. Esta unión es un compendio del sentimiento cartagenero frente al baile.

Las imágenes proyectadas de fotografías intervenidas, videos originales, grabaciones radiales de contenido histórico y de la cultura popular, dan un ambiente de excelencia artística y de alta calidad en concordancia con una original combinación de técnicas y visiones estéticas.

 

 

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