
Medellín, 25 de agosto de 2025.- Tres retos afronta el turismo en Colombia y superarlos traerá crecimiento para la industria, aseguró el presidente del Senado, Lidio García turbay, en el congreso de ANATO, cumplido en Medellín.
El senador García Turbay afirmó que esos desafíos «deben ir de la mano con infraestructura y talento. Aeropuertos eficientes, vías turísticas, conectividad digital, pero sobre todo formación masiva en servicio, bilingüismo, guianza, gastronomía y logística. El turista cuidado repite y recomienda. La capacitación es política social y también de productividad».
Esta es su intervención:
DESAFÍOS DE PAÍS FRENTE AL TURISMO
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL SENADO DE LA REPÚBLICA, LIDIO GARCÍA TURBAY-CONGRESO ANATO
Medellín, 22 de agosto de 2025
Señoras y señores
Hablo de turismo con la voz de quien lo vive a diario. Soy bolivarense, vivo en Cartagena sé lo que significa convivir con visitantes que llegan buscando historia, música, sabores y una brisa que a veces parece traer esperanza. He visto barrios renacer gracias a hoteleros, guías, transportadores y artesanos. He visto familias salir de la pobreza porque un flujo constante de viajeros abrió oportunidades donde antes solo había incertidumbre. También he visto lo frágil que es ese progreso cuando la seguridad falla. Nadie viaja a un lugar donde teme por su vida. Nadie recomienda un destino manchado por ataques como los que estremecieron ayer a Cali o por un crimen cobarde contra un helicóptero de nuestra Policía, en Amalfi, municipio de este departamento de Antioquia. Eso es intolerable, inadmisible, inaceptable, y nos obliga a actuar con decisión.
¡Necesitamos que vuelva la autoridad a todo el territorio nacional, señor Presidente! ¡Necesitamos que suelte las amarras de nuestras Fuerzas Militares y de Policía! ¡Por la paz de todos los colombianos, necesitamos que el gobierno que usted dirige, se haga sentir de verdad!
El turismo no es un lujo. Es motor de la economía mundial. Genera una décima parte de la producción global y uno de cada diez empleos. Colombia tiene cómo competir. Poseemos una historia que contar, diez patrimonios de la Unesco y una biodiversidad envidiable. Sin embargo, seguimos lejos de nuestro potencial. No es un problema de atractivo, sino de condiciones. La primera se llama seguridad. La segunda, formalidad y reglas claras. La tercera, un marco tributario que incentive en lugar de castigar.
Nuestra historia turística comenzó a fines del siglo XIX con los primeros hoteles en las riberas del Magdalena. Desde entonces, generaciones de empresarios levantaron a pulso esta industria sin chimeneas. Crearon confianza, conectaron regiones, formaron talento. Hoy el ecosistema es enorme: transporte, hospedaje, gastronomía, recreación, eventos, agencias. Cada eslabón genera empleo y fortalece la economía local. El turismo ya no puede verse solo como generador de divisas. Es alternativa de desarrollo y de equidad territorial.
Pero los números recientes nos llaman a la acción. En 2024 el valor agregado de alojamiento y comidas alcanzó 37,8 billones de pesos, 3,8% menos que en 2023. Ocupamos el puesto doce en aporte nacional, con 4,1%. La ocupación hotelera promedió 50,9% y en mayo cayó a 47,3%. No estamos ante un techo, sino ante un potencial inmenso que requiere decisiones firmes. El primer desafío es la seguridad. El semestre mostró aumento de homicidios, secuestros, terrorismo y delitos informáticos, aunque cayeron los hurtos. La percepción pesa tanto como la realidad. Hoy, índices internacionales nos ubican en posiciones que preocupan. Para atraer turismo hay que ser y parecer seguros. Eso exige presencia efectiva de la fuerza pública, inteligencia para anticipar riesgos, justicia ágil y comunicación veraz que evite que un hecho aislado manche al país entero. Seguridad es la nueva visa. Sin ella la promoción se queda sin piso.
El segundo desafío es la formalidad. Las viviendas turísticas son realidad global y en Colombia tienen reglas claras, pero la informalidad crece sin freno. Mientras en el Registro Nacional de Turismo hay 62.824 inmuebles, en plataformas ya superan los 79.900. Más de 17.000 operan por fuera del radar. Eso afecta tarifas, ocupación hotelera, recaudo municipal y estándares de calidad, además de abrir puertas a fenómenos graves como la explotación de menores. El mundo ya actúa: Barcelona limitó, Ciudad de México gravó, Nueva York cerró ilegales. Colombia no puede quedarse atrás. No se trata de prohibir, sino de exigir registro, seguros, impuestos y convivencia con la comunidad.
El tercer desafío es la carga tributaria. Operar turismo aquí es caro: IVA del 19%, consumo del 8, renta del 35, sobretasa a la energía del 20, contribución parafiscal y cargas locales. Así se desincentiva la inversión y se premia la informalidad. Debemos aliviar y simplificar. Propongo regímenes simples para micro y pequeños alojamientos, deducciones ligadas a empleo formal y calidad, y alivios focalizados en regiones con rezago, sujetos a metas de ocupación y encadenamientos locales.
También urge modernizar nuestro marco legal. La Ley 300 de 1996 fue pionera, pero describe un mundo que ya no existe. Hoy todo ocurre en un celular. Reservas, pagos y reclamos nacen en plataformas. Necesitamos un registro interoperable, categorías claras, reglas de convivencia, policía turística fortalecida y campañas de cultura ciudadana. La hospitalidad empieza en la calle y en la actitud del anfitrión.
Seguridad, formalidad y competitividad deben ir de la mano con infraestructura y talento. Aeropuertos eficientes, vías turísticas, conectividad digital, pero sobre todo formación masiva en servicio, bilingüismo, guianza, gastronomía y logística. El turista cuidado repite y recomienda. La capacitación es política social y también de productividad.
En mi larga vida como político sé lo frágil que es la reputación. Un video mal contado riega dudas en segundos. Por eso el Estado debe coordinar con el sector sistemas de reacción rápida, vocerías claras y datos verificables. Hay que proteger la narrativa del destino sin ocultar, pero evitando exageraciones que destruyen años de esfuerzo.
Y no olvidemos lo ambiental y social. El turismo sostenible es el único camino. Capacidad de carga, manejo de residuos, respeto por comunidades y vida silvestre. Un turismo depredador mata la gallina de los huevos de oro. Un turismo cuidadoso multiplica oportunidades.
Nada de esto será posible sin voluntad política. Como presidente del Congreso de la República me comprometo a impulsar una agenda que blinde la seguridad turística, actualice normas, ordene la vivienda turística y alivie la carga que asfixia al sector. Convocaré audiencias públicas en los principales destinos y trabajaré con el Gobierno Nacional y los gobiernos locales para que el turismo deje de ser un discurso y se convierta en resultados tangibles.
El turismo es oportunidad para crecer, integrar regiones y dar sentido práctico a la equidad. No llegará solo. Se construye. Comienza con seguridad y se completa con reglas claras, impuestos razonables, infraestructura moderna, talento capacitado y respeto por el patrimonio. Si hacemos la tarea, Colombia puede jugar en primera división del turismo mundial. Si no, volveremos a lamentar lo que pudo ser.
Estoy aquí para decir que no vamos a desaprovechar esta oportunidad. Cuenten con el Congreso de Colombia que hoy presido, para abrir puertas, corregir lo que no funciona y acelerar lo que ya avanza. Llévense de este congreso propuestas concretas y metas ambiciosas. Hagámoslo juntos. Colombia se lo merece. Las regiones lo reclaman. Y millones de familias que viven del turismo lo agradecerán con trabajo digno y futuro en sus propios territorios.
Muchas gracias.
