
Por Miguel Montes Curi (Especial para Revista Zetta).- Durante esta semana de grandes sucesos, nos encontramos en el panorama internacional la Asamblea General de las Naciones Unidas con sus airados discursos y en el ámbito local la XXIII Cumbre Mundial de Comunicación Política realizada en Cartagena, que contó con la presencia de mandatarios territoriales de la región. Pero, a riesgo de pasar por debajo del radar, también se dio en Bogotá la XII Cumbre de Líderes por la Educación en la que se exponen los retos que enfrenta el sistema educativo colombiano en un momento de volatilidad política y crisis financiera. Así, el debate produjo las condiciones propicias para evaluar la progresión histórica de la educación en el país, sentar nuevos retos y confrontar temas espinosos como la desfinanciación del ICETEX.
De los diversos conversatorios que se dieron sobre el estado actual de la educación en Colombia, hay algunos datos que todo ciudadano debería llevar muy presente, por no decir escrito en la frente. La exministra de Educación, Cecilia María Vélez, reconoció la importancia de ampliar la cobertura educativa pero hizo mayor hincapié en la necesidad de priorizar problemas como la deserción, un fenómeno traumático para el sistema educativo, las instituciones y las familias, que abandonan la promesa de que un integrante por fin cumpla el sueño de educarse. Y en ese caso el mayor escollo es la calidad educativa, que debe garantizar que los niños atraviesen con fluidez las etapas del sector educativo y se inserten efectivamente en el mercado laboral. Su interlocutor, el exviceministro de Educación Preescolar, Básica y Media, Hernando Bayona, presentó la escalofriante estadística de que 2 de cada 3 niños no tienen competencias de comprensión lectora hasta los 10 años en Colombia. Y valga decir que esa competencia, quizás la más importante de todas, recorre transversalmente a las demás, incluso matemáticas —que también es una especie de lenguaje—. Si un joven no tiene la capacidad de comprender e interpretar textos, difícilmente podrá resolver una prueba en cualquiera de sus componentes.
Por otro lado, el conversatorio puso de manifiesto la ausencia de mediciones concretas debida a la recurrencia de nuevos programas que, por supuesto, no alcanzan nunca la suficiente madurez. Por ejemplo, carecemos de un criterio medidor confiable que nos muestre la evolución de los resultados en la básica tras la pandemia ya que no se realizaron las pruebas Saber 3°, 5° y 9° con aplicación censal hasta 2023 —no se habían realizado desde 2017—. De ahí deriva, además, la insuficiencia de la aplicación muestral para generar datos precisos gracias a que toma solamente una parte representativa de la población. Más aún, la modalidad muestral impide mediciones por colegio o municipio, factor fundamental para los rectores de las instituciones educativas, quienes trabajan diariamente por mejorar el rendimiento de sus estudiantes.
En otro conversatorio sobre el futuro de los jóvenes en relación con la educación superior, el exministro de Educación, Alejandro Gaviria, moderó un debate en el que actores clave de la educación superior mostraron su preocupación por el déficit de cartera del ICETEX. Por sintetizar la situación con una sencilla pero apabullante cifra: son 340.000 jóvenes los que afrontan la amenaza de perder la renovación de sus créditos y el presupuesto del ICETEX sufrió un recorte del 37% en 2025. El vicerrector administrativo y financiero de la Universidad de los Andes, Mauricio Olivera, expresó que la universidad pasó de recibir 220 nuevos créditos en 2024-2 a recibir apenas 30 créditos en 2025-2. En vista del aciago panorama, los directivos de las universidades encaran la tarea de consolidar nuevas alianzas recurriendo a los entes territoriales y la banca privada y comercial. Por su parte, el presidente de la Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior, Dionisio Vélez, coincidió con las posturas de los conferencistas en que otros sectores de la economía podrían aliviar las falencias del ICETEX y así garantizar la permanencia de los jóvenes en las universidades.
Por mi parte, me quedo con la frase de la exministra de Educación, María Victoria Angulo: «Se marchitó el ICETEX». La pugna del presidente en contra de la educación privada —y el sector privado en general— no puede producir estas consecuencias tan profundamente adversas; esta no es una lucha ideológica. Los que recibirán ese golpe son estudiantes que quieren ingresar a la universidad, aquellos que van por mitad de carrera y cuentan con la renovación del crédito y los que, incluso, dependen del subsidio de sostenimiento para subsistir. Y en medio de todo esto, la Plenaria del Senado aprobó la reforma de la Ley 30, que beneficiará a las universidades públicas. Pero, vamos como el cangrejo.
