“En la misma esquina de la carrera 7a nos sorprendió la plomera”

Por John Zamora (Director de Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 6 de noviembre de 2025.-  Dos graves hechos marcaron el inicio y el final de mis estudios de periodismo en la Universidad Externado de Colombia: La sangrienta toma terrorista del Palacio de Justicia (1986) y el magnicidio de Luis Carlos Galán Sarmiento (1989).

Son recuerdos que se quedaron cincelados en la memoria, y que por mucho que pasen los años, se seguiran recreando en la mente. Hoy, con magistrales relatos reconstructivos, tanto el Canal Caracol como Canal RCN han emitido imágenes y testimonios de invaluable trascendencia, donde queda claro que el gran responsable de esa barbarie fue el grupo terorista M-19, que el Ejército respondió pero en algunos casos se exedió, que el presidente Belisario Betancur estuvo ausente del poder, y que la herida sigue abierta cuarenta años después.

En este aniversario quiero compartir este testimonio de lo que viví ese día.

6 de noviembre de 1985. Época de exámenes finales. A las 8 de la mañana era el examen de no sé cuál materia acaso «Epistemología». Al terminar, la habitual reunión de pasillo, de cafetería, y después de las 11 de la mañana decidimos -con cuatro compañeros- bajar desde el Externado -carrera 1 este con calle 12- buscando la carrera 10ª para tomar una buseta.

Al promediar la caminata entre las carreras 5ª y 6ª, escuchamos disparos lejanos y vimos gente asomándose por las ventanas de los edificios contiguos. Seguimos adelante y en la misma esquina de la 7ª comprobamos que se trataba de una “plomera” en el Palacio de Justicia.

Era como sintonizar Netflix hoy. Allí nos quedamos un rato. La juventud obnubila la responsabilidad, la temeridad es un dulce empalagoso, y todo aquello resultó un entretenido espectáculo en vivo. Vimos que un hombre, vestido de jean y camiseta roja, era sacado por la parte de atrás del Palacio, y siempre hemos creído que fue el primer muerto, un agente del DAS. Luego llegó una columna del Ejército y nos expulsaron de la calle, pero quedamos atrapados porque en la siguiente esquina ya había talanqueras, y llegaban patrullas y tanques, y el caos se entronizó. Pasamos varias horas tratando de salir del barrio la Candelaria, y terminamos caminando por las calles del barrio Egipto y las Cruces, hasta llegar más allá se la sexta sur, para tomar una buseta, que culebreaba entre el monumental trancón para buscar la avenida Caracas y salir de la zona. Llegué a casa después de las cuatro de la tarde, y me pegué a la radio para escuchar el avance de la situación, que al día siguiente concluyó con el palacio quemado, magistrados asesinados, alrededor de 100 muertos en total, varios desaparecidos, y un país que todavía reclama responsabilidades.