Real Cartagena: Todos juegan mal

Directivos, jugadores, alcalde, gobernador y afición comparten responsabilidad y frustración.

Análisis de Revista Zetta.- Cartagena de Indias, 13 de noviembre de 2025.- ¡Que nadie se extrañe! El libreto es bien conocido y lo interpretan a la perfección: golpes de pecho por una pésima campaña, vientos de renovación, contrataciones, alharaca oficial y, lo más importante: ilusión, mucha ilusión.

Así pasan los años y el Real Cartagena sigue naufragando en la B, con vocación de jubilación. Es lo que le gusta, el agua para el pez. (En Montería, en cambio, son serios: Jaguares ascendió en 2015, descendió en 2024, y en este 2025 ya regresó a la A).

Los directivos la tienen chévere en el círculo vicioso de torneos y eliminaciones, pues igual siguen recibiendo derechos de transmisión y negociando jugadores. Que el Real ascienda es mal negocio, mejor que se quede en la B.

El alcalde Dumek pecó de aficionado y asumió funciones co-directivas sin que nadie se las hubiere asignado. Llamó jugadores, como el caso de Teo Gutiérrez; llamó técnicos como Alberto Suárez o la recordada llamada en vivo a Hernán Torres, quien fue cortés a pesar de saberse en Millonarios; agitó banderas para llenar el estadio, decretó tardes cívicas, amplió horarios de Transcaribe… le faltó hacer las alineaciones y ponerse en la raya…

El gobernador Yamil Arana se contagió de Dumek y alentó con esfuerzos oficiales al negligente equipo, se sumó a la gestión co-directiva y para ello hay suficientes videos en las cuentas oficiales de las redes sociales.

Y la afición… eterna dama enamorada de un Romeo infiel.

En la afición entran todos: amantes genuinos del fútbol, admiradores de la institución, pero también energúmenos, pandilleros y vándalos… es altamente probable que vicios líquidos y en polvo inciten mayor «adrenalina».

Para alguien decente y educado, una derrota se sufre con amargura pero sin asomo violento. Para estos «aficionados», basta un penal errado, un gol adverso en último minuto o una soberana goleada, para destruir el escenario donde, precisamente, acuden a satisfacer su afición futbolera.

Entre los vándalos hay algunos que lo son 100%, listos para destruir todo a su paso; pero, al igual que los ladrones, hay vándalos de ocasión, aquellos débiles que se contagian de la masa destructiva, y se suman con original violencia a la devastación.

Lo sucedido en la noche de este miércoles 12 de noviembre, con el empate 0-0 ante Real Cundinamarca, se seguirá repitiendo. Que el alcalde anuncie una dura sanción contra la barra señalada de desmanes, aunque acertado, no deja de ser insuficiente.

Es lo que hay con el Real Cartagena. Es cíclico. Siempre se llega a una frustración, se reclama un cambio, y la fórmula es volver a empalagar con ilusión. Todos juegan mal.