
Por José Ricardo Bello Espinosa (Director Revista Corner @cornerctg).- (Especial para Revista Zetta).- Luego del primer partido de Copa Libertadores de América, muchas son las reflexiones y hechos por comentar en la ciudad de Cartagena durante este mes de abril.
La escogencia de la ciudad como sede de los partidos de Junior en este evento despertó una gran expectativa en todo el ámbito futbolero, a nivel local y nacional. El desarrollo de la contienda se llevó a cabo de la mejor manera, con la interacción de todos los actores deportivos que se conjugan alrededor de un espectáculo de esta magnitud.
La presencia del subcampeón de América, Palmeiras, le dio un plus adicional, siendo quizás el partido más importante jugado en el estadio Jaime Morón a nivel de clubes en toda su historia. La inversión del gobierno distrital, siguiendo las recomendaciones de Conmebol, hizo del escenario un espacio realmente competente. Sorprendieron incluso las declaraciones de John Arias en torno a la cancha, debido a que está en mantenimiento desde el Sudamericano Sub-17 y fue avalada por las visitas de las comisiones de Conmebol. Sin embargo, son puntos de vista a considerar.
Pero lo que parecía tener un sabor exquisito en su desarrollo se vio empañado por el desenlace final del evento, que dejó el triste saldo de una persona fallecida en Cartagena. Esto concentró la atención de todos los medios locales, nacionales e internacionales en las horas siguientes.
A la hora de las evaluaciones, hay que analizar y buscar las causas de este suceso. Las autoridades hicieron su papel y nadie quería ni pensaba que esa rivalidad entre hinchas de Junior de Barranquilla y de Real Cartagena fuera a llegar a extremos. Ese comportamiento no es de fanáticos normales del fútbol. Son sinónimos de “delincuencia y terrorismo”, como los calificó el señor alcalde Dumek Turbay. Esos no son hinchas. Es un suceso que afecta a nivel nacional e internacional y que se ha vuelto costumbre ver en los estadios de Colombia y de muchas partes del mundo. Hay que tomar medidas, que deberían ser extremas, para erradicar a estos elementos que atentan contra la buena voluntad de los organizadores y promotores de espectáculos masivos en todas las disciplinas deportivas.
Cartagena fue sede del Sudamericano de Fútbol Sub-17 y, hace mucho tiempo, subsede del Mundial de Fútbol Sub-20, logro conseguido con mucho lobby ante la FIFA que inicialmente no la consideraba. En esta administración ha sido sede de grandes eventos culturales. Todo esto con el fin de generar crecimiento, empleo, impacto económico y divisas en una ciudad que es una vitrina turística mundial.
Las soluciones van mucho más allá de las medidas a tomar para los próximos compromisos ante Cerro Porteño y Sporting Cristal. El tema es de fondo. Las barras asistieron a reuniones y generaron confianza de que habría buen comportamiento, pero todo resultó en sentido contrario en el entorno del compromiso, en la fase postpartido.
La Conmebol y las autoridades responden por el espectáculo deportivo dentro del estadio Jaime Morón. Fuera del estadio, el tema es de seguridad pública y debe ser liderado por el comandante de la Policía y la Secretaría del Interior.
La vida no se recupera y una familia lamenta el suceso. Hay que realizar una evaluación y mirar las causas que provocaron este comportamiento en general, para tomar medidas correctivas a futuro.
Lo primero es dialogar con los directivos de Junior y verificar si estas barras se desplazan con los cupos autorizados al salir de Barranquilla. Quedan los interrogantes: ¿Se realizaron las requisas, sobre todo en la entrada a la ciudad de Cartagena? Todos esos temas hay que evaluarlos porque viene un nuevo capítulo con Cerro Porteño y Sporting Cristal. Sería importante pedir refuerzos en seguridad regional para la operatividad y hacer un estudio previo del perímetro y los puntos de acceso. En los grandes estadios de Europa y Estados Unidos se ubican anillos de seguridad con diferentes filtros, y quien no tenga boleta no puede ingresar al estadio. En las áreas aledañas sería importante evaluar la posibilidad de un toque de queda en determinado horario. La medida de declarar tarde cívica en la ciudad y tener líneas de emergencia para contactar. Los mensajes deben ser masivos en los medios de comunicación locales, complementados con la difusión que se hace en medios regionales y nacionales.
La difusión y promoción del espectáculo del pasado 8 de abril no pudo ser mejor. Hasta el equipo visitante, Palmeiras, resaltó la ciudad. Pero las áreas encargadas de la logística deben revisar, sobre todo, el proceso de evacuación del escenario para garantizar el buen término del evento.
Está claro que hay un problema muy agudo entre las barras, pero hay que buscarle solución porque un incidente de este tipo deja secuelas muy grandes y puede traer medidas extremas en contra de la ciudad. Esa decisión está en manos de Junior de Barranquilla, al que se le brindó todo el apoyo y quedó satisfecho con la sede de Cartagena, que fue buena anfitriona y vio su nombre en todo el continente a través de las señales de ESPN y beIN Sports en Estados Unidos.
¿Debe seguir Cartagena como sede de los partidos de Junior? Por supuesto que sí, como lo manifestó el señor gobernador Yamil Arana. Pero hay que prepararse con estrategias de control para esas hinchadas que generan tensión y miedo en muchos escenarios, y no se puede estar bajo el yugo de esa violencia social. Cartagena tiene que consolidar su grandeza a nivel internacional.
Los pronunciamientos de respaldo esperan que esta situación tenga solución, por el bien de toda una ciudad y una afición que desea muchos espectáculos de este tipo, no solo en fútbol sino en diferentes disciplinas, donde no exista la violencia.
Señalar culpables resulta complejo. Las autoridades deben responder, evaluar punto por punto desde su método de convocatoria, funcionamiento y operatividad logística, hasta sus estrategias de difusión en las reconocidas redes sociales, que terminan jugando en su contra y quedan por el piso ante sucesos desafortunados como la muerte de Gabriel, hincha de Junior que incluso estuvo en reuniones previas. Por supuesto, nadie desea que esto se presente. Es mejor utilizar un vocero oficial que transmita esos mensajes de llamado al buen comportamiento.
Los grandes eventos no escatiman esfuerzos. Grandes ciudades como Nueva York, la capital del mundo, acaban de suspender conciertos y eventos simultáneos al Mundial de Fútbol debido a que la capacidad de la policía no da abasto para la cobertura. ¿Qué se deja para una ciudad como Cartagena, pequeña? Eso no justifica, pero hay que buscar un volumen de personal entre Policía, Infantería de Marina y Ejército, al costo que sea, que desarrolle esa macroestrategia que garantice el buen manejo de la masa en ese gran espectáculo, sin hechos que lamentar.
Deportivamente se cumplió. En organización se cumplió. Pero quedó el sabor agridulce del último sorbo, que ojalá mejore y permita seguir el camino para responder a esta fase de Copa Libertadores que tiene a Junior como local.
Socialmente es muy triste la situación. Oración y fortaleza por esa alma que se fue y el clamor por un mejor comportamiento y desarrollo de eventos futuros.
La verdadera paz se vive en armonía, enriqueciendo los puntos de vista basados en el respeto y la comprensión por el prójimo.
