El fenómeno que creó Petro – Opinión de Ambrosio Fernández

Por Ambrosio Fernández (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 16 de junio de 2026.- Una imagen vale más que mil palabras, pero hay momentos en los que una fotografía vale más que cien encuestas.

Hace unos pocos días, en la Plaza de la Aduana de Cartagena, ocurrió uno de esos momentos.

Miles de personas llenaron cada espacio disponible para escuchar a Abelardo de la Espriella. Desde los balcones hasta las esquinas, desde los jóvenes hasta los adultos mayores, la multitud transmitía una sensación que hace mucho tiempo no se veía con esa intensidad en la política colombiana: entusiasmo.

Y el entusiasmo es un activo escaso en la política.

Durante años, los colombianos hemos votado más por miedo que por esperanza. Miedo a que gane el otro. Miedo a perder lo que tenemos. Miedo al pasado. Miedo al futuro.

Por eso la imagen de Cartagena resulta tan poderosa, porque no refleja miedo, refleja ilusión.

Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, cualquier observador honesto debe reconocer que algo está ocurriendo alrededor de la candidatura de Abelardo de la Espriella. Algo que va mucho más allá de una estrategia de comunicaciones, una tendencia en redes sociales o un buen discurso de campaña.

Lo que está ocurriendo es que una parte importante del país comenzó a identificarse con un mensaje que interpreta su frustración, pero también sus expectativas, Y es allí donde aparece la gran paradoja. El fenómeno Abelardo no puede entenderse sin Gustavo Petro.

Los gobiernos no solamente generan apoyo. También producen reacciones. Cada decisión, cada discurso, cada promesa incumplida y cada expectativa frustrada terminan moldeando el escenario político que viene después.

Petro llegó al poder prometiendo una transformación histórica. Prometió un cambio profundo para Colombia. Millones de ciudadanos creyeron en esa propuesta y le entregaron su confianza.

Pero con el paso de los años, para muchos colombianos la ilusión inicial fue dando paso al desencanto.

La inseguridad continúa golpeando a las familias. La incertidumbre económica afecta el bolsillo de empresarios y trabajadores. Las divisiones políticas se profundizaron. Y el país parece haber perdido demasiado tiempo discutiendo mientras los problemas siguen esperando soluciones. Es precisamente en ese terreno donde crecen los fenómenos políticos. Porque los liderazgos no nacen en los laboratorios de mercadeo. Nacen cuando logran interpretar sentimientos que ya existen en la sociedad.

Abelardo entendió algo que buena parte de la clase política todavía no comprende: los colombianos estamos cansados. Cansados de las explicaciones. Cansados de las peleas. Cansados de escuchar promesas mientras sienten que su realidad cambia poco.

Por eso la Plaza de la Aduana estaba llena, no estaba llena únicamente por Abelardo.

Estaba llena de expectativas, Estaba llena de inconformidades, Estaba llena de personas buscando una alternativa.

Y esa es precisamente la razón por la cual el fenómeno sigue creciendo.

Porque más allá del candidato, miles de colombianos sienten que llegó el momento de buscar un rumbo diferente.

Y cuando una emoción colectiva encuentra una voz capaz de representarla, deja de ser una candidatura y se convierte en un movimiento, eso es precisamente lo que ha hecho que millones de colombianos estemos firmes por la patria.