
Por Luis Eduardo Brochet Pineda (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 20 de agosto de 2026.- Nuestro país, a lo largo de su historia colonial y republicana, ha sido un repositorio de valores y virtudes humanas. La solidaridad, el respeto y la justicia, entre muchos principios identitarios de nuestra sociedad, han estado presente en los últimos cincuenta años, para recordar solo algunos de los momentos y horas más oscuras de la nación, tanto en el ámbito colectivo como familiar: los devastadores terremotos de Popayán y Armenia en 1983 y 1999; la erupción del Volcán de Ruiz en 1985 y la desaparición de la población de Armero; la tragedia humana de la niña Omaira Sánchez; la toma guerrillera y matanza del Palacio de Justicia por parte del grupo terrorista M-19; los genocidios de Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán Sarmiento, Álvaro Gómez Hurtado y Miguel Uribe Turbay, entre otros.
En el primer día hábil de gobierno de Abelardo de la Espriella un sismo de 7.4 grados sacudió todo el territorio nacional dejando una tragedia humana y material de inimaginables dimensiones: 470 municipios de 15 departamentos afectados; 144 mil familias sufriendo pérdidas; 30 mil viviendas destruidas y lo peor, un número de fallecidos que ascenderá a 600 personas.
De lejos, quizás, la catástrofe nacional de mayor envergadura en el último siglo, que demandará 40 billones para su recuperación, en un lapso no menor a cuatro años; paradojicamente, el período del nuevo gobierno.
Sin embargo, la desgracia trajo consigo otra profunda paradoja: por un lado, el presidente de la República, su señora esposa y todo el gabinete, se pusieron al frente de la situación con soluciones, decisiones y presencia eficiente en todos los lugares del país donde los destrozos y el dolor hicieron efecto. Por otro lado, nuevamente la solidaridad de todo el pueblo colombiano fue una respuesta de verdaderos apoyos inmediatos, salvando vidas y canalizando ayudas de todo tipo; horas después, muchos países amigos, organismos internacionales y familias pudientes, aportaron su sabiduría, su mano de obra y sus recursos, en miles de toneladas de alimentos, enseres y dinero, que aliviará el sufrimiento de quienes perdieron todo en dos minutos.
La confianza, credibilidad e integridad del presidente De la Espriella y todo su equipo de gobierno, contribuyó decididamente a estas respuestas oportunas.
El colombiano es un pueblo de fe; es una sociedad solidaria, respetuosa, trabajadora, temerosa de Dios; una nación con principios y valores sociales tradicionalmente aceptados, que ha construido una moral colectiva sobre juicios que le permiten ponderar lo bueno de lo malo y actuar de consuno, en beneficio del ser humano y del valor fundamental de la vida. Esta tragedia volvió a confirmar la brillantez del alma del colombiano que, una vez más, superará un nuevo infortunio.
Pero una facción minoritaria de esta sociedad colombiana, está enferma; tiene oscuridad en su alma, en sus juicios morales y éticos. Como alimañas, sean ratas, víboras, cucarachas o zorros, actúan en las sombras esperando el momento propicio para inocular su ponzoña, ajenos a cualquier gesto de humanidad. Los seres humanos perversos, ruines, malvados y despreciables, son las alimañas del mundo moderno y, desafortunadamente, la mayoría de ellos se alinea ideológicamente con el comunismo o progresismo del siglo XXl; ese que destila resentimientos, odios ancestrales, envidia, sed de venganza y ausencia de Dios.
Pasa ahora en Colombia; también pasa en Venezuela, en Cuba, en Nicaragua, en Nigeria, en Rusia, en España y en otras sociedades dónde el odio político de la izquierda radical ha intentado someter la libertad humana y cosificar la vida.
¿Cómo es posible que un ex presidente de baja calidad moral, inepto y con el mayor prontuario de corrupción en la historia reciente de Colombia, así como sus prosélitos y áulicos, hablen de limosnas y de ironías sarcásticas, cuando se refieren a la maravillosa respuesta financiera de familias colombianas y extranjeras, así como al gesto humanitario y feliz del actual presidente, al regalar balones de fútbol a niños del Chocó?
A las alimañas hay que fumigarlas antes que hagan invivible tu hogar; a sus congéneres humanos, hay que recomendarles leer urgente “El Libro de la Verdad”, del autor José Manuel Restrepo Abondano y su comisión de empalme.
