
Por Reynaldo Tovar (Especial para Revista zetta).- Cartagena de Indias, 5 de septiembre de 2026.- El Caribe colombiano ya no es una promesa de desarrollo; es el motor real de la transformación económica del país. Tras asistir al foro Caribe Motor en Barranquilla, queda claro que la región vive un momento histórico de consolidación industrial, logística y de transición energética justa. Esta realidad sintoniza de manera perfecta con la visión de nuestro presidente Abelardo de la Espriella, quien, impulsado por su arraigo costeño, ha puesto la descentralización y el fortalecimiento de las regiones en el corazón de la agenda nacional.
La diversificación de la canasta caribeña demuestra que somos el motor productivo nacional: el 54,3% de lo que exportamos corresponde a bienes no mineros (US$2.930,4 millones). Lideramos el mercado de manufacturas con envíos masivos a Estados Unidos (nuestro principal socio con el 24,1% en minero-energéticos y 9,8% en bienes NME), exportando US$632,2 millones en plásticos, US$364,7 millones en aluminio y US$272,5 millones en puertas y ventanas. En Cesar y La Guajira se concentran inversiones por $433.000 millones para 45 proyectos de transición, mientras que operaciones como Cerro Matoso registran un 96,5% de recirculación hídrica y aportes económicos que superan los $334.571 millones en impuestos y regalías.
Las cifras de comercio exterior y nearshoring evidencian que el norte del país es la plataforma competitiva más importante hacia el Atlántico. Sin embargo, para que este «Milagro Caribe» se consolide, es imperativo romper el asfixiante esquema centralista donde la Nación devora el 85% de los recursos y deja un marginal 15% a las regiones.
El país debe migrar a un modelo fiscal equitativo de 50/50, como bien lo solicitaron con vehemencia los gobernadores Eduardo Verano y Erasmo Zuleta, al igual que el alcalde Dumek Turbay. No es aceptable que un territorio que exporta US$ 5.400,4 millones a nivel regional dependa de la burocracia andina para ejecutar obras estructurales que mitiguen la pobreza, solo así tendremos el músculo financiero directo para tener infraestructura que mitigue la pobreza e impulse desarrollo.
Es una necesidad imperiosa que todos los departamentos de la región, junto con sus alcaldías, se consoliden en un solo bloque geopolítico unificado.
No podemos seguir compitiendo entre nosotros; el Caribe debe actuar como una sola voz corporativa y legislativa para liderar macroproyectos regionales de conectividad vial y férrea, la navegabilidad del río Magdalena como hidrovía estratégica, la protección de ecosistemas compartidos y la infraestructura logística portuaria. Esta transformación requiere una gerencia del más alto nivel institucional que articule las capacidades de toda la región, desde la Guajira hasta el Urabá.
Asimismo, el Milagro Caribe exige soberanía energética. Es hora de consolidar una gran Empresa Pública del Caribe que asuma el control de la energía regional. Es la única vía real para erradicar los nefastos capítulos de Air-e y Afinia, empresas que han estrangulado el bolsillo de los costeños y frenado la competitividad industrial con tarifas impagables, generadoras de pobreza.
Mientras se da esta gran batalla nacional, el territorio demuestra con hechos locales su madurez para gobernarse. En Bolívar, el gobernador Yamil Arana lidera una revolución de infraestructura con más de un billón de pesos invertidos en vías y puentes estratégicos, como la interconexión de Hatillo de Loba, conectando mercados y rompiendo el aislamiento histórico del sur. A su vez, en Cartagena, el alcalde Dumek Turbay consolida un «Gobierno de las primeras veces», logrando hitos de infraestructura vial y social como el megacolegio bilingüe de San Francisco, la histórica protección del patrimonio con el PEMP, y un auge turístico y deportivo sin precedentes.
El «Milagro Caribe» es una realidad económica que ya financia al país y que hoy exige autonomía. El presidente Abelardo, con su innegable ADN costeño, tiene en sus manos la oportunidad histórica de consolidar su legado firmando la verdadera descentralización de Colombia: pasar del discurso a la chequera, avalando el modelo fiscal 50/50. Pero el balón también está en la cancha de nuestros mandatarios locales, donde la historia no perdonará a quienes antepongan vanidades o cálculos partidistas por encima del bienestar regional. Es la hora de la grandeza y de marchar unidos para que el Caribe no solo sea el motor económico de la nación, sino el faro que guíe el destino de la “Patria Milagro”
Reynaldo Tovar Carrasquilla
Abogado, empresario y activista social
