
El terreno de la Base Naval en Bocagrande es un tesoro y por eso le tienen el “ojo echao” los poderosos de este país, o por lo menos los de esta ciudad.
Cuando la Armada Nacional decida mudar su más importante centro de operaciones a Tierrabomba, quedará el inmenso terreno a merced de los intereses mercantilistas que quieren imponer allí sus capitales para hacer centros comerciales, marinas y costosos apartamentos, a no ser que triunfe la sensatez y el interés general.
Los apéndices de los poderosos, ubicados en el poder gubernativo, ya saben cuál es su trabajo, razón de sus diatribas orquestadas. ¡Que cómo se les ocurre no pensar en marinas, que cómo se atreven a desconocer su derecho de primacía!
En la perversa lógica de los poderosos, las mejores tierras son para ellos, y, por supuesto, el terreno de la Base Naval les pertenece de antemano.
Para imponer ese “divino derecho”, las estrategias son variopintas, como argumentar que se generará gran cantidad de empleos, que no se puede detener el desarrollo, que hay que tener visión y pensar en grande. ¡Pura demagogia barata!
Entre agentes infiltrados en el gobierno nacional y argumentos de dudosa ortografía, las presiones de los poderosos no tendrán pausa hasta hacerse al botín.
Aunque es absolutamente improbable que los poderosos entren en razón, lo cierto es que ese tesoro nos pertenece a todos. Los terrenos de la Base Naval no pueden ser rematados al mejor postor, ni dejar su aprovechamiento para unos cuantos. Ese privilegio debe ser disfrutado por la ciudadanía, de manera abierta y sin restricciones ni discriminaciones. ¡Que los negros, los pobres, los desamparados, las víctimas, los desplazados, los trabajadores, los desempleados, los deportistas, los pensadores, los estudiantes, los niños, los turistas, los ricos, los luchadores, todos, pero todos, puedan beneficiarse de este tesoro!
La verdadera vocación de estos terrenos, una vez superada su vida naval, es la de consagrarse a la naturaleza, al deporte y la cultura, con grandes espacios para todos. De seguro, los poderosos le encontrarán sitio a su marina y a su ego ostentador de yates en otra parte, sin necesidad de obstaculizar con sus rascacielos la vista del Centro Histórico, como sucederá con el presuntamente legal edificio Portomarine.
El alcalde Manolo Duque y el Concejo de Cartagena tendrán que pararse firme, y contarán con todo el respaldo de la ciudadanía de bien, pues los querrán someter a más furibunda presión. También hay que rodearlos para que no cambien de opinión y entreguen este tesoro a los poderosos, que ya comenzaron con su sirirí y no cesarán. ¡El que se canse pierde!
