¿Ustedes no saben quién fui yo? – Crónica de Hegel Ortega Madero

Por: Hegel Ortega Madero (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 13 de julio de 2021.- El deporte y las comparaciones tienen una relación de pasión y sentimientos.
Además de ser el pasatiempo amado por los nacidos en esta tierra, el béisbol en Cartagena es un tema perfecto para debatir. Colosales son las discusiones que suscita la pelota, y pocos están ajenos a ellas. En cada reflexión sobre los más talentosos jugadores cartageneros de todos los tiempos, un nombre nunca pasa ni pasará inadvertido: Abel Leal Díaz.


Nuestro imaginario es un oasis en forma de diamante. Un juego de bolas y strikes, ponches y jonrones, con dioses de cinco habilidades: fuerza, contacto, velocidad, defensa y potente brazo. Uno de ellos es el gran “Tigre” Leal, el mejor pelotero aficionado de Colombia de todo los tiempos .
Bolívar perdía 3-2, último episodio, dos outs y al bate se encontraba Leal, quien con conteo de 2-2 la sacó del parque y empató el juego. El jonrón se lo dio a Ascensión Díaz.
Fue en una final nacional en Santa Marta en 1972 ante Atlántico en el que Bolívar perdía 3-2, último inning. El estadio en el que se dio la gran gesta aún recordada en los tertuliaderos de Cartagena fue el Rafael Hernández Pardo.
El narrador Édgar Perea (Q.E.P.D) les pedía a los aficionados de Barranquilla esperar a la selección Atlántico. Con el carro de bomberos apareció el bambinazo de Leal para dejar mudo a Perea y en silencio al estadio, pues la gran mayoría le hacía fuerza a los de ‘La Arenosa’. Bolívar pasó a ganar en extraining en el episodio 11 con carrera anotada por Tomás Moreno para así celebrar a lo grande.


Con este fragmento de la narración de aquella tarde sabatina de 1972, inició el relato de la historia de uno de los más grandes deportistas nacidos en Cartagena: Abel “El Tigre” Leal, un indiscutible ídolo del deporte cartagenero y bolivarense. Abel Leal Díaz nació el 28 de marzo de 1940 en Cartagena de Indias. Gracias a su poder ofensivo, su exquisito fildeo y sus números que comprueban su extraordinario rendimiento, se convirtió en una leyenda del béisbol.
Este jonronero fue un ícono del deporte de Bolívar y de Colombia, infundió respeto en múltiples torneos nacionales e internacionales, y es catalogado como el más grande jonronero del béisbol amateur en Colombia.
Los números de Abel Leal hablan de la grandeza de este extraordinario pelotero. Entre sus logros encontramos su participación en 19 campeonatos nacionales representando al departamento de Bolívar, dentro de los cuales destacamos su obtención de la Champion en bateen en países de Suramérica. Las estadísticas muestran que Leal bateó home run en todos los estadios en donde jugó a excepción de Japón.
A raíz de la fama ganada por su condición de deportista extraordinario y gracias a su personalidad, Abel era muy asediado por las damas. Tuvo 14 hijos con varias mujeres, de las cuales dos fallecieron. Sin embargo, muy por encima de ello, prevaleció el amor que surgió entre él y Nancy Romero Payares, la mujer que se convirtió en su esposa. A pesar de las travesuras del Tigre y de los asedios femeninos, siempre conservó su condición de esposa fiel.


El béisbol, al ser el único deporte en el cuál Colombia ha sido campeón mundial, en dos años: 1947 y 1965, hacía de los peloteros los caballeros de moda por aquellos tiempos, y el “Tigre” no fue la excepción.
Lamentablemente el 13 de abril del 2019 el “Tigre” Leal dejó de rugir con sus bates y manillas con las que adornó de gloria su deporte amado: el béisbol.
A las 3:30 de la madrugada de aquel día dejó de existir en la clínica Blas de Lezo, tras sufrir de un cáncer de colon durante tres años. El jonronero no pudo parar las cien millas de esa enfermedad que lo envío al dogaut del cielo.
La vida sigue su marcha, a Leal tras su muerte las autoridades le hicieron un reconocimiento que nunca se le hizo en vida, a través de una propuesta del concejal Rafael Meza para honrar su nombre, colocándole el nombre del estadio de Cartagena el cual fue antes bautizado en homenaje a la Independencia de Cartagena, el 11 de Noviembre, pero ahora llevaría el nombre de Abel Leal Díaz. Iniciativa que se convirtió en acuerdo por parte del Concejo y fue decretada por el alcalde Pedrito Pereira, quien fungía como alcalde encargado para la época. La iniciativa fue uso de buen recibo por parte de la ciudadanía, pues es lo menos que merece un personaje de la talla del Tigre cartagenero.

Sin bate, sin cabeza y sin pedestal Abel Leal


Sin embargo, hoy Leal se encuentra en el firmamento reunido con amigos del mundo terrenal como Napoleón Perea, Edgar Perea, Melanio Porto Ariza y Campo Elías Therán.
A la llegada de Wallberto Ahumado Sierra, quien hace pocos días nos dejó, le debieron preguntar en el espacio no terrenal: «Bueno, Walbe, ¿y cómo dejaste eso por allá?» Con risas y rabia a la vez este último debió responder: «Eso por allá anda muy mal, yo no pensé nunca que esto fuera el paraíso, lo último qué pasó no hubiera pasado con nosotros en nuestra época. Imagínense lo que le acaban de hacer a Leal». Walbe comienza a contar lo sucedido con la escultura de Abel Leal, mal ubicada en el corredor peatonal que conduce de la avenida Pedro de Heredia hacia las puertas de entrada al estadio, cuyo bate robaron los maleantes de poca monta y cuya cabeza cayó a tierra, víctima del desatino de un fulano que pateó el balón como un remate justo a la cabeza de Leal, decapitándolo. ¡EsoNO tiene nombre! Esto es una muestra fehaciente de la pésima cultura ciudadana y deportiva de nuestra Heroica.
A lo que el grupo de periodistas celestiales exclamaron: “Pobre Cartagena, hay que seguir intercediendo por nuestro pueblo, cada día son más vergonzosos los episodios de su ignorancia”.
Sin embargo el Tigre Leal concluye con sentimiento de grandeza, diciendo: “Dios mío, gracias por la gloria vivida, apiádate de nuestro pueblo para que les quede claro a los que no saben quién fui yo, que siempre fui y seré el Tigre, el trinquete y el gran jonronero de Colombia”.
Concluyo afirmando que un Supermán que siempre nos salvó en las grandes batallas de nuestro glorioso béisbol, hoy no merece el trato que se le ha dado a su obra.
Que no se permita que este monumento sea víctima de la falta de cultura y amor por lo nuestro que abunda en la ciudad.
Por favor retiren la escultura desmembrada que está detrás del estadio, y si quieren brindar un verdadero homenaje a su grandeza, coloquen una en bronce en la plazoleta de la catedral de béisbol, al igual que la del gran Roberto Clemente en diferentes estadios del mundo. El Tigre lo merece.