El regalo de una historia – Opinión de Luis Guillermo Ramos Vergara

Por Luis Guillermo Ramos Vergara (Especial para Revista Zetta).- Cartagena de Indias, 29 de octubre de 2026.- Algunas amistades se construyen alrededor de los acontecimientos. Otras sobreviven gracias a las conversaciones. Las más memorables terminan dejando una biblioteca.

Lo pensé el 9 de octubre, al final de una reunión del Club del Puros de Cartagena. Estábamos en una azotea de la calle del Arsenal, frente a la bahía del Centro de Convenciones. Allí Javier Mariño me obsequió «Los pacientes del doctor García», de Almudena Grandes.

Llegué a casa y abrí el libro. Me detuvo la dedicatoria.

“Hay verdaderas historias que no se pueden leer a la ligera; exigen tiempo, silencio y un buen humor de los cuales gozas”, empieza Javier. Uno agradece que lo crean capaz de esa paciencia.

Me regalaba la novela para que conociera “la cara más real y humana de la Guerra Civil Española lejos de los mitos oficiales”. Con tono de anfitrión, me invitaba a servirme un ron Gobernador, a encender un puro My Way y a adentrarme en la vida del doctor Guillermo García. Terminaba deseándome que disfrutara del tabaco tanto como de “la magistral lección de historia que guardan estas páginas”.

La leí una vez. Pasé la página. Regresé.

El regalo incluía una manera de leer y una forma de acompañarme. En tiempos en que casi todo se escribe para todos, una dedicatoria sigue escribiéndose para una sola persona.

Javier y yo compartimos amigos, lecturas, el derecho y los puros. Nuestras conversaciones empiezan en un expediente y terminan en una novela, con el humo subiendo despacio. En la dedicatoria reconocí su voz habitual y el entusiasmo con que habla de sus lecturas. Había elegido el libro pensando en mí y se había detenido a explicarme por qué.

Los libros llegan por curiosidad, por recomendación o por azar. Este llegó con una conversación adentro.

La novela que me espera cuenta también una historia de amistad. El médico Guillermo García Medina sobrevive en el Madrid de Franco gracias a la identidad falsa que le proporciona Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que había salvado la vida en 1937. Cuando Manuel regresa del exilio en 1946, ambos se involucran en una misión contra una red de evasión de criminales nazis hacia Argentina.

Dos hombres se deben la vida. Quiero saber cómo se sostiene esa amistad en medio de la persecución y el exilio. La lectura nos dará nuevos motivos para seguir conversando.

Con los años he llegado a creer que las bibliotecas personales cuentan dos historias al mismo tiempo: la de los autores que las habitan y la de quienes pusieron esos libros en nuestras manos. Al recorrer los estantes, algunas firmas nos devuelven una tarde, una voz, un lugar.

Agradezco a Javier Mariño el libro y el cuidado con que me lo ofreció. Dentro de unos años volveré a abrir el libro y sé en qué página me detendré. Allí seguirá la dedicatoria. Volveré a leerla y recordaré aquella azotea, el libro que recibí y al amigo que supo elegirlo.

Luis Guillermo Ramos Vergara

ipsa res iusta